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La tregua de ETA: mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas

Observatorio terrorismo actual

¿Ha dicho usted sentencia? Mil muertos no pueden ni discrepar (Por Pascual Tamburri, Ruta norte)

¿Ha dicho usted sentencia? Mil muertos no pueden ni discrepar (Por Pascual Tamburri, Ruta norte)

Un partido que no rechaza ETA, en el que predominan personas y fines de Batasuna, es legal. No es una novedad en esta democracia. Pero no es ni bueno, ni inevitable, ni irreversible. 

El 19 de junio de 1987 ETA mostró en Hipercor Barcelona toda su potencia democrática. No fue ni la primera ni seguramente la mayor masacre, pero sí una de las más recordadas, quizá por la supervaloración política de las víctimas civiles (o la vergonzosa y constante minusvaloración de las militares). Para celebrarlo, el 20 de junio de 2012 el Reino de España (a través de uno de los órganos superiores del Estado, el Tribunal Constitucional) ha decidido que el partido Sortu, continuación de las sucesivas marcas políticas de la banda, sea legal. La sentencia, unida a la coincidencia, ha desatado una polémica jurídica, política y mediática cuyos términos reales conviene no perder de vista.

Herri Batasuna era un instrumento disciplinado de KAS, es decir de ETA. Lo siguió siendo, durante la tregua-trampa, Euskal Herritarrok. Y lo fue Batasuna, el partido fundado en 2001, ilegalizado por la Ley de Partidos de 2002, con sentencia final al respecto del mismo Tribunal Constitucional (de enero de 2004, nótese la fecha). Por conveniencia, cálculo o por disputas internas, sucesivas siglas han compartido el programa, los medios y los miembros de ETA-Batasuna, en todo o en parte, siendo los últimos por ahora Sortu, Bildu y Amaiur, y lo que venga. Una mayoría dentro de un órgano político como es el TC permite ahora hacer legar Sortu (mientras que el Tribunal Supremo, formado por magistrados profesionales, lo consideró ilegal); pero eso no cambia hechos objetivos como que Sortu nunca condenó ETA ni pidió su rendición, cosa bastante lógica si recordamos que Sortu fue presentado en sociedad por Íñigo Iruin y Rufino Etxeberria entre otros dirigentes de raigambre democrática. Lo que ahora se ha hecho es dar por suficiente una genérica y difusa condena de la violencia (que llega cuando tácticamente ETA deja de usarla, y sin renuncia a lo que ETA ha representado hasta ahora). Tomemos nota de que con esto basta, según estos magistrados y los políticos que los aplauden, para ser un partido legal en la España de hoy.

Los nombres que hay que recordar

Pascual Sala (presidente), Eugeni Gay (vicepresidente), Pablo Pérez Tremps, Elisa Pérez Vera, Adela Asúa y Luis Ignacio Ortega han votado a favor de la legalización de Sortu, a pesar de que en 2010 y 2011 el Tribunal Supremo sentenció que Sortu era "la plasmación del designio de Batasuna de constituir un nuevo partido político para que le suceda en su actividad". Pero, aunque algunos medios cargan contra ellos, no son sus nombres los que hay que recordar, al menos no los primeros ni desde luego los únicos. Más importantes son los nombres de los que los colocaron en el Tribunal Constitucional, órgano al que no se accede por méritos profesionales sino por decisión de los partidos políticos. Y los nombres de los que los mantuvieron allí, incluso cuando su mandato había cesado o podía haberlo hecho. Y los nombres de los que diseñaron el sistema de provisión de las plazas del TC, del que uno no pude quejarse si lo ha votado o si pudiendo haberlo cambiado lo mantuvo. Efectivamente, estos seis hombres y mujeres son responsables de que Sortu sea legal, pero antes y más lo son quienes los eligieron, quienes no los cesaron y quienes crearon y conservaron el modelo institucional vigente y el marco normativo aplicado, que nos ha llevado a este punto. Conviene que a cada uno se de lo suyo.

Manuel Aragón, Ramón Rodríguez Arribas, Javier Delgado, Francisco Hernando y Francisco Javier Pérez de los Cobos, que se han opuesto, no comparten esa responsabilidad. Han hecho lo posible, dentro de sus atribuciones, para evitarlo. Para pertenecer, con ellos, a la lista de inocentes, no basta ahora quejarse, lamentar o discrepar de la cosa. Quien quiera no compartir la responsabilidad tendrá que hacer lo que pueda, desde la institución a la que pertenezca, para que las cosas cambien. Porque ni esto era inevitable, ni es irreversible, tanto más para quienes, de un modo u otro, crean o digan creer que esta legalización no es buena para España ni justa para los vascos y los navarros directamente afectados.

¿Es bueno?

Es coherente que Gara y los partidos políticos de la izquierda abertzale se alegren de este paso del Constitucional. Para ellos era y es bueno, y sus obras acompañan a sus palabras, sea cual sea nuestra opinión sobre unas y otras. El ministro Jorge Fernández Díaz manifiesta "claramente" su discrepancia y reitera que la izquierda abertzale debe condenar a ETA, "discrepancia" que comparte el ministro Alberto Ruiz-Gallardón. Muy bien: si ellos creen, como la mayoría de los españoles, que esta legalización ni es buena ni es justa, deben hacer lo que está en su mano para cambiarla. Y es mucho: por ellos pasan los nombramientos del Tribunal Constitucional, por sus manos pasan las Leyes que se aplican y cómo se aplican, en ellos está incluso la posibilidad de reformar la Constitución, si de verdad la carta magna tiene una lectura correcta que pueda favorecer a los abertzales. Adelante: veamos si de verdad estamos de acuerdo en que no es una buena cosa. Pero con hechos concretos, no con palabras.

En las próximas elecciones vascas que se celebrarán quizás en 2013 Sortu estará directamente presente. Está claro que ETA y sus simpatizantes se alegran, y lo dicen. ¿Todos los que hoy se felicitan creen que de verdad es una buena cosa? Asistimos a curiosos intentos de hipocresía y a muchas sonrisas falsas. Izquierda Unida dice que la legalización "restablece" un derecho que "nunca debió ser cercenado"… pero los comunistas vascos saben bien que muchas de sus esperanzas de crecimiento se van con esta victoria moral de los nacionalistas marxistas. El PNV dice que la sentencia sobre Sortu "normaliza" la política… pero se encontraba más a gusto con una izquierda abertzale domesticada, y para nada le agrada un sorpasso batasuno que puede invertir los términos tradicionales de la política jeltzale. Más de lo mismo, Geroa Bai o sea Uxue Barkos dice que la legalización es una "buena noticia" que hay que celebrar… pero el proyecto nacionalista-navarrero-no-batasuno recibe un golpe severo con esto.

Es demasiado pronto para saber si asistiremos a una bonita guerra civil entre abertzales, pero las ilusiones despertadas por la crisis institucional de Navarra quedan muy devaluadas por la división entre nacionalistas y por la resistencia general del PNV en todas sus formas a participar en proyectos que no lidere… y el de KAS, se llame como se llame, no es uno de ellos. El Aralar de Patxi Zabaleta, aunque su opinión es bien conocida, hace un humilde ejercicio de realismo y se pliega a la fuerza que avanza. La reaparición de Sortu, curiosamente, puede alimentar fuegos cruzados en todas estas direcciones. Pero esto no convierte la legalización en buena noticia más que para unos.

¿Era inevitable?

La legalización de Sortu se hubiera evitado si en su debido momento se hubiera renovado a los magistrados del TC. Era deber de PP y PSOE hacerlo, y sigue siéndolo. Por tanto la legalización no era inevitable, si a tiempo se hubiese designado a otros magistrados menos sensibles al gusto por el diálogo. Y si no había consenso para hacerlo, era y es posible cambiar el procedimiento de renovación de este y de otros órganos del Estado (se ha hecho ya con RTVE). En una democracia donde no hay división de poderes y uno dispone de mayoría absoluta no hay nada inevitable si se tiene la voluntad de evitarlo. Hay que valorar, junto a las responsabilidades por acción, las que haya por omisión.

Además, si se quiere, todas las leyes pueden ser cambiadas hasta que tengan la redacción justa; y si se tiene mayoría absoluta pueden ser aprobadas. Más aún, si hasta en el PSOE hay "discrepantes" de esta legalización eso implica que puede reformarse hasta la Constitución. Podía haberse hecho ya, y por tanto esto no era inevitable. Puede hacerse ahora, y por tanto no es irreversible.

¿Es irreversible?

"Discrepamos", claro que sí. Pero más importante es actuar. Patxi López y los socialistas vascos a través de la portavoz del Gobierno regional, Idoia Mendia, ha dicho que la decisión del Tribunal Constitucional sobre Sortu "lo que viene a ratificar es algo que, en la realidad en Euskadi ya se estaba produciendo, que es que el mundo de la izquierda abertzale estaba haciendo política en las instituciones a través de Bildu y Amaiur", así que "esta sentencia legaliza y ratifica una realidad que ya existía". Diferente ¡pero no tanto! ha sido la reacción del Gobierno de Navarra, cuyo portavoz, Juan Luis Sánchez de Muniáin, dice que "respeta todas las decisiones judiciales", y no se preocupa mucho por ésta ya que "el ideario de Sortu está de facto legalizado a través de la acción de Bildu o Amaiur en las últimas elecciones generales". Contentos los socialistas, "discrepantes" los de UPN, ambos se amparan en que "era una realidad que estaba ahí”.

El razonamiento es atroz, si uno se para a pensar. Si el "estar ahí" era legitimante más de una década de esfuerzo por ilegalizar todas las versiones de ETA habría sido inútil e innecesario. Si fuese así, mucho trabajo y alguna sangre serían, sin más, inútiles. Bastaba seguir como estábamos en las primeras décadas de esta democracia, con ETA en las instituciones con poco o ningún pudor, ya que "estaba ahí". Por la misma razón violadores, traficantes, atracadores y forajidos son una realidad que está ahí, y habría que acostumbrarse a su presencia y adaptar a ella las leyes. Después de una década larga de "rebelión cívica" y de algunos pasos positivos en el último aznarato esto puede escandalizarnos, pero no es una novedad en nuestra democracia: es lo que la UCD hizo siempre y el PSOE muy a menudo, con concesiones políticas añadidas y cientos de muertos por el camino. La lucha total contra ETA ha demostrado que la banda puede ser derrotada, que puede "dejar de estar ahí", pero sólo si se combate contra ella en todos los frentes. Esto se ha dejado de hacer. La buena noticia es que no es irreversible y es algo que se puede exigir a los políticos para saber, de verdad, de qué lado está cada uno.

http://www.elsemanaldigital.com/blog.asp?idarticulo=122354&cod_aut=

El movimiento de las víctimas del terrorismo y la crisis

El movimiento de las víctimas del terrorismo y la crisis

Pocos días antes de la última manifestación celebrada por varias organizaciones de víctimas del terrorismo, el anticipo del barómetro de mayo del Centro de Investigaciones Sociológicas aseguraba que el terrorismo apenas inquietaba al 1´2% de los españoles. Por el contrario, el paro sería la principal preocupación del 81´7% de encuestados, mientras que las cuestiones de índole de tipo económica lo eran para el 51%. De un total –casi- de 30 problemáticas, la del terrorismo era la penúltima –en preocupante percepción- de todas ellas. Un cambio sustancial en la opinión pública; pero no tanto. Recordemos que el terrorismo empezó a preocupar a muchos compatriotas a raíz del atentado de ETA contra Hipercor en Barcelona, hace ya 25 años de ello, cuando los medios de comunicación asumieron y difundieron la idea de que “cualquiera podía ser víctima del terrorismo”. Hasta entonces parecía que “sólo” era un problema de guardias civiles, militares, policías, fachas…

Con tan negros presagios, el pasado 9 de junio se reunieron en la plaza de Colón de Madrid unos escasos millares de manifestantes convocados por Voces Contra el Terrorismo, su plataforma Mujeres por la Justicia, y diversas entidades del antaño denominado, por algunos, “movimiento cívico constitucionalista”.

No acudieron a la cita la mayoría de las asociaciones de víctimas del terrorismo que constituyen el fragmentado panorama, fruto de una trayectoria difícil y convulsa; entre ellas la mayoritaria AVT que, no obstante, también ha manifestado su desacuerdo con el plan de reinserción de presos terroristas desarrollado por el Ministerio del Interior español.

En este contexto, una de las ideas movilizadoras de esta enésima convocatoria era, de nuevo, la de la “rebelión cívica”.

Generada en el seno de la Asociación de Víctimas del Terrorismo entonces dirigida por Francisco Alcaraz, ese eslogan constituyó un afortunado recurso táctico; sintética expresión de las inquietudes de muchos españoles, más allá incluso del imprescindible “memoria, dignidad y justicia” que venía canalizando el dolorido impulso de la inmensa mayoría de víctimas del terrorismo desde años atrás.

Frente la indiferencia o complicidad de las élites, la “rebelión cívica” fue foco de atracción y catalizador de miles y miles de españoles preocupados por la deriva de su cuestionada –y en aparente “caída libre”- nación. El mar ondeante de banderas rojigualdas, característico de esas memorables manifestaciones impulsadas por AVT, era la expresión de un estado de ánimo, de unos valores, de unas creencias, que trascendían las exigencias, tantas veces aplazadas y despreciadas, de las víctimas del terrorismo.

Desde el apogeo de esas manifestaciones, hasta el pasado 9 de junio, han sucedido muchas cosas en España.

Y si una palabra preside la vida nacional, hoy día, ésa es la omnipresente -hasta el hartazgo-  “crisis”. Un peligroso e inédito trance referido, en principio, a la economía.

Una crisis a la que se ha reconocido, aunque sin profundizar generalmente en ello, un sustrato más profundo: la crisis de valores, siendo otra expresión de la misma, la crisis nacional que vivimos. Ausencia de cohesión social, separatismos crecientes de poderosas perspectivas, individualismo extremo, corrupción institucional, desmoralización general... Una crisis a la que no podemos negar una base religiosa: la crisis del catolicismo español; aunque sea políticamente incorrecto afirmarlo.

¿Estamos ante un nuevo, acaso definitivo, 98? Entonces, se diría que los españoles –los que todavía así nos consideramos- lo sufrimos como se supone lo hacen las  ranas cocidas a fuego lento: sin sentir nada.

Años atrás, ya se intuía que la crisis que adivinaban algunos, aunque todavía viviéramos en la España del derroche y del optimismo, podía tener un calado más profundo de lo que los políticos y generalidad de comunicadores reconocían.

Por ello, esas inquietudes, percibidas por miles de españoles descontentos y críticos, se canalizaron en esa “rebelión cívica”, trascendiendo el legítimo interés de las víctimas del terrorismo. Así, tuvieron la fortuna –o carga, según se vea-, de aglutinar en su entorno un sinfín de asociaciones, plataformas, fundaciones, configurando un no del todo definido y, en todo caso heterogéneo, movimiento cívico constitucionalista; primero ceñido al País Vasco y Navarra y después extendido al resto de España.

Las vicisitudes políticas, sociales y económicas, particularmente las primeras, de España, a lo largo de esos años de movilización, condicionaron la natural vida de las heroicas asociaciones de víctimas del terrorismo. De este modo, la singular cobertura mediática y el apoyo, expreso o indirecto según el momento, del Partido Popular, jugaron un rol tan importante como distorsionador. El alejamiento o disminución de esos apoyos redujeron gradualmente su capacidad de movilización. De modo paralelo -no podía ser de otra manera- ese movimiento cívico se desinflaba, desapareciendo no pocas de sus entidades o reduciendo notablemente su volumen.

Sustracción de apoyos, abandonos, divisiones, luchas personalistas, contaminación partidista… una travesía por el desierto tan compleja como injusta.

El día 9 de junio, Voces Contra el Terrorismo hizo de nuevo lo que tenía que hacer: salir a la calle. Y lo hizo, seguramente, consciente de que éstos son otros tiempos.

A Voces Contra el Terrorismo, y todas las demás asociaciones de víctimas, no se les puede pedir más: demasiado han hecho ya; locomotora forzada de un tren acomodado e indolente.

Han sido, y seguirán siendo, un referente moral extraordinaria para una España dormida y encarrilada –acaso- hacia un destino fatal.

Las asociaciones de víctimas del terrorismo han estado, siguen, y continuarán activas; sin duda. Pero ya va siendo hora de que otras voces, otras fuerzas, asuman y acompañen la “rebelión cívica”.

Son muchos, muchísimos, los españoles a la intemperie abandonados por políticos, intelectuales y demás líderes naturales. Entre el repliegue personal y la crisis global, frente al desesperado “sálvese quien pueda” y el cinismo, ¿no hay alternativas?

Rebelión cívica; más que nunca.

 

Fernando José Vaquero Oroquieta

http://www.diarioya.es/content/el-movimiento-de-las-víctimas-del-terrorismo-y-la-crisis

Lo que sí es pedir perdón a las víctimas (por Pepe Álvarez de las Asturias, en El Malecón)

Lo que sí es pedir perdón a las víctimas (por Pepe Álvarez de las Asturias, en El Malecón)

Con 10 años, Shane O´Doherty quería luchar por la libertad de Irlanda. A los 15 se unió al IRA, a los 18 ya era el terrorista más buscado y a los veinte fue condenado a 30 cadenas perpetuas.

Para entender primero hay que conocer. Y para entender la vida de Shane O´Doherty es necesario que primero conozcamos el entorno político y religioso en el que nació y creció. Porque, como él mismo explica, "somos uno con nuestra muy triste historia". Una triste historia, la de Irlanda, en la que nacionalismo y catolicismo siempre han estado unidos con gran intensidad. Shane nació en enero de 1955 en Derry (Londonderry para los ingleses), en el seno de una típica familia católica de clase media del Ulster. Ya desde pequeño, su vida quedó marcada por la omnipresencia de tanquetas, barricadas y soldados británicos, y el odio ancestral de los protestantes orangistas. La semilla nacionalista crecía en el corazón de Shane con total naturalidad ("todo esto era normal donde crecí") a la par que su determinación a luchar –y acaso morir- por su país, injustamente ocupado. A los trece años, "salir con los amigos" consistía en quedar para lanzar cócteles molotov a los soldados ingleses; sólo dos años después se unía de facto al IRA Provisional. Desde ese momento, la lucha dejó de ser un juego y se transformó en algo real. Y arriesgado.

Pero el joven Shane estaba convencido de que su causa era justa y de que la lucha era el camino correcto –el único camino-. Y si aún le quedaban dudas, el domingo 30 de enero de 1972 volaron en mil pedazos. Aquella tarde, Shane se manifestaba por las calles de Free Derry (la zona católica) junto a un amigo y otras 15.000 personas a favor de los derechos civiles. Al otro lado de las barricadas, un regimiento de paracaidistas británicos vigilaba que no traspasaran la "frontera" de la zona protestante. Cuando un pequeño grupo de manifestantes, alejados del resto, comenzó a lanzar piedras a una de las barricadas, los paracaidistas abrieron fuego indiscriminadamente contra la multitud. Trece personas murieron (seis de la edad de Shane, 17 años) y otras treinta resultaron heridas.

El IRA aprovechó el odio tras el Domingo Sangriento para potenciar su actividad de reclutamiento entre los más jóvenes. Y Shane aprovechó para potenciar su convencimiento y su actividad terrorista ("Si me tienen que matar, que sea por algo importante, no por una protesta civil"). Se apuntó voluntario a numerosas operaciones con explosivos y se especializó en cartas bomba. Un año después, con dieciocho años, era el terrorista más buscado del IRA. A los veinte, aprovechando una tregua, fue detenido y condenado a 30 cadenas perpetuas. "Dejé de creer en Dios, en la Iglesia Católica y en la política".

Su primer día en prisión, a medianoche, los oficiales le sacaron de la celda y le dieron una paliza. "¿Qué pasa?", preguntó. "Tus amigos han disparado a un policía". El padre del policía asesinado resultó ser un oficial de la prisión. No fue la única vez, recuerda: "yo era católico e irlandés, lo guardias me odiaban". Decidió plantarse y se negó a vestir el uniforme de preso en una cárcel inglesa; un acto de rebeldía que le costó meses en la celda de castigo, totalmente desnudo. Pensaba: "he sobrevivido a la guerra, a la muerte; estoy preso, pero soy el hombre más libre del mundo". Se creía fuerte, invencible, un auténtico guerrero de la libertad. Pero sumido en ese aislamiento absoluto, comenzó a darle vueltas a todo: "Estamos destruyendo nuestro país, a familias enteras, provocando terror y dolor. ¿Qué sentido tiene?" Estaba orgulloso de haber atentado contra políticos y generales pero albergaba dudas sobre el resto de sus víctimas.

Pidió consejo al sacerdote de la prisión y éste le regaló una Biblia. Se leyó los Cuatro Evangelios de una sentada, intensamente, profundamente. Y empezó a pensar que, como católico, todo era un error –la guerra, la violencia, las muertes-. Un grandísimo error. Pero, ¿qué podía hacer? Comenzó a escribir cartas a sus víctimas, multitud de cartas, y fue el primer terrorista del IRA que abogó por el cese de la violencia y la rendición. Los demás –sus compañeros y sus enemigos- pensaron que se había vuelto loco en su confinamiento: ¿un terrorista irlandés pidiendo perdón? ¡Increíble! Tuvo que luchar todo un año con el Gobierno británico y las autoridades de la prisión para que le creyeran y le permitieran enviar sus cartas y publicar sus llamamientos en la prensa. Cierto día, un compañero de prisión le dijo: "estás en el periódico de hoy". The News of the World titulaba: "Terrorista del IRA pide perdón". Fue el primer fruto de su cruzada.

Su propia conciencia le condenaba por sus actos; había cortado con la sociedad, consigo mismo, con Dios; y había destruido a su familia (unos le apoyaban, otros le rechazaban). "El terrorismo está en el interior de las personas, de cada uno de nosotros; y cada uno tenemos que reconocer nuestra culpa y pedir perdón desde dentro, desde nuestra conciencia, desde nuestro corazón".

Después de 14 años de condena, fue liberado el 4 de septiembre de 1989. Al salir de la cárcel comenzó sus estudios universitarios y escribió el libro The Volunteer, sobre sus años en el IRA contados desde la conciencia, y pidiendo el fin de la lucha armada. "Detén la guerra, la violencia es un error, pide perdón y entrégate". Mientras Shane O´Doherty estudiaba Filología Inglesa, Filosofía y Teología (pasó dos años en el seminario de Dublín) y trabajaba para los indigentes y los inmigrantes, los presos del IRA se fueron acercando a sus tesis de cese de la violencia. Sus frutos comenzaron a brotar el 10 de abril de 1998, cuando los gobiernos británico e irlandés firmaron el Acuerdo de Viernes Santo en Belfast, principio del fin definitivo del IRA, que fue desmantelado en 2005.

Después de cinco años en el IRA y treinta pidiendo perdón, en la actualidad Shane O´Doherty vive en Dublín, donde trabaja en una organización para indigentes ("mi gran lección", reconoce). Ha escrito un nuevo libro, No más bombas, que utiliza como excusa para recorrer el mundo ofreciendo sus conferencias y transmitiendo su mensaje de "no hay libertad con violencia"; aunque él aún no se ha perdonado del todo: "cada día siento la responsabilidad, la conciencia culpable de mi pasado. Pero mi experiencia puede hacer bien". Ojalá otros siguieran su ejemplo.

Shane O´Doherty es un gran conocedor del terrorismo de ETA y aplica su propia experiencia a su cese definitivo. "Yo creo que el gobierno no debe negociar con terroristas. Cuando hayan cambiado su conciencia, su corazón; cuando hayan pedido perdón por la violencia y por las víctimas y destruyan sus armas con testigos internacionales, entonces se podrá hablar del fin de ETA".

http://www.elsemanaldigital.com/blog.asp?idarticulo=122213&cod_aut=

Una veintena de víctimas instan a hacer una “revisión autocrítica del pasado”

Una veintena de víctimas instan a hacer una “revisión autocrítica del pasado”

Afectados de ETA, el GAL o los excesos policiales han compartido sus experiencias de forma reservada durante cinco años

Javier Rivas

Más de una veintena de víctimas de ETA, el GAL, el Batallón Vasco Español (BVE) y las Fuerzas de Seguridad, incluyendo al hermano de uno de los últimos fusilados por el franquismo, el etarra Juan Paredes Manot, han presentado esta mañana en San Sebastián el resultado del diálogo que han venido manteniendo, en la más absoluta reserva, durante los últimos cinco años.

La iniciativa fue puesta en marcha en 2007 por la Dirección de Víctimas del Gobierno vasco, a cuyo frente se hallaba entonces y continúa ahora Maixabel Lasa, ella misma víctima de ETA —su esposo, el exgobernador civil guipuzcoano y militante socialista Juan María Jáuregui, fue asesinado en julio de 2000—.

A partir de la puesta en marcha del grupo inicial, formado por una decena de afectados, han sido sus propios componentes y los tres coordinadores y dinamizadores —Galo Bilbao, Julián Ibáñez de Opacua y Carlos Martín Beristain—, los que se han encargado de todo su desarrollo. Ahora dan por concluida la experiencia y han decidido revelar la propia existencia de esta, a la que han bautizado como Iniciativa Gleencree, por la localidad irlandesa donde se celebraron los dos primeros encuentros, y una serie de conclusiones que han querido trasladar a la sociedad.

Entre los puntos de este mensaje, que han hecho público en una comparecencia en que han participado los tres dinamizadores y la mayoría de los participantes en la iniciativa, estas victimas reclaman "el reconocimiento del daño causado y la asunción de responsabilidad por parte de todos los perpetradores de la violencia injustamente padecida por tantas personas".

Entre quienes han participado en la experiencia figuran Edurne Brouard, hija de Santiago Brouard, dirigente de HB asesinado por los GAL en 1984; Mari Carmen Hernández, viuda del concejal del PP en Durango Jesús María Pedrosa, asesinado por ETA en 2000; o Iñaki Aguiriano, cuyos padres murieron tiroteados en un control policial en Vitoria en 1982.

“Hemos roto barreras y tabúes para acercarnos unos a otros con respeto, superando el temor y los estereotipos, la frustración y la experiencia propia de dolor, explorando bases para la convivencia”, señalan. E invitan a toda la sociedad a realizar “su propia revisión autocrítica del pasado" mediante “un compromiso ineludible con la verdad y la justicia".

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/06/16/paisvasco/1339850740_524030.html

Que el Gobierno de España ofrezca a ETA concesiones para sus presos a cambio de que digan que se disuelven, son una humillación a todos los españoles y un desprecio al sufrimiento de las víctimas del terrorismo.

Que el Gobierno de España  ofrezca a  ETA concesiones para sus presos a cambio de que digan que se disuelven, son  una humillación a todos los españoles y un desprecio al sufrimiento de  las víctimas del terrorismo.

VCT considera que este ofrecimiento por parte del Gobierno, es dejar a los pies de los caballos  el trabajo de nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que se han jugado la vida y la de sus familias para detener a estos asesinos de ETA.

Madrid 13 de junio de 2012. Ante las informaciones que en el día de hoy revelan que el  Gobierno  ofrece a ETA “el fin de la dispersión penitenciaria  a cambio  del anuncio de su disolución”. VCT considera que este anuncio deja más que patente las intenciones del ejecutivo de Rajoy, que no son otras, que acabar con esto a cualquier precio. Aunque eso implique traicionar a todos los asesinados  por no haber cedido al chantaje terrorista y cambiar drásticamente los postulados  defendidos con  anterioridad por su partido.

Para VCT el ofrecimiento del Ministro a los terroristas es dejar  a los pies de los caballos el trabajo de nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que se han jugado la  vida y la  de sus familias para detener a estos asesinos de ETA, siendo el colectivo más masacrado por esta lacra, además de despreciar todo el trabajo y sacrificio que durante  décadas  han realizado en esta materia.

En su línea, el ministro de Interior, niega las evidencia al decir que no se negocia ni se va a negociar con ETA. Cuando al mismo tiempo dice que a cambio de la disolución los presos etarras obtendrán el acercamiento a las cárceles vascas.  Negociación según la RAE  : “ tratos dirigidos a la conclusión de un convenio o pacto”  y eso es lo que hace el Gobierno, mantener los acuerdos que el Partido Socialista cerró con ETA  en los años de Gobierno de Zapatero.
 
VCT pide por enésima vez al ministro que deje de hacer de “hermanita de la caridad “con los terroristas de ETA y que ejerza como lo que es, ministro de España. Un ministro que se precie no puede  preocuparse por los presos de la banda  terrorista y sus familias. ETA no necesita la comprensión del ministro. Para Acabar con ETA debe recaer sobre ella toda la contundencia del Estado de  Derecho. A los terroristas no hay que suplicarles  que se disuelvan, a los terroristas hay que detenerlos y juzgarlos por sus crímenes, cumpliendo íntegramente sus condenas. Peticiones como las que en el día de hoy ha realizado el ministro  A ETA, son  una humillación a todos los españoles y un desprecio al sufrimiento de  las víctimas del terrorismo.  A ETA se la vence no se la convence.
 
 Fernández Díaz esta mañana  acudía al refranero español diciendo : “obras son amores y no buenas razones”.  y eso es lo que pedimos desde VCT, obras . Para empezar que ordene la  inmediata detención de Josu Ternera.  
La noticia  que saltaba esta mañana, en la que se revelaba que Ternera se encontraba en Oslo hace pocos meses,  confirma nuestra denuncia sobre la impunidad de la que disfruta este criminal, no siendo detenido por ser el mayor artífice de la negociación.
 
FRENTE A LA IMPUNIDAD JUSTICIA.

COMUNICADO SOBRE LAS DECLARACIONES DE PERSONAS ADSCRITAS A LA ADMINISTRACIÓN AUTONÓMICA VASCA

COMUNICADO SOBRE LAS DECLARACIONES DE PERSONAS ADSCRITAS A LA ADMINISTRACIÓN AUTONÓMICA VASCA

Desde COVITE queremos manifestar nuestra opinión sobre las últimas declaraciones que sobre nuestro Colectivo han venido a realizar personas adscritas a la Administración Autonómica Vasca.

Como todo el mundo sabe, y por las razones que en su día se alegaron, COVITE se adhirió a la manifestación que, contra el plan de reinserción propuesto por el Ministerio del Interior, fue convocada por la plataforma “Mujeres por la Justicia”.  Entendimos que al igual que cualquier otro ciudadano gozábamos no solo del derecho a la libertad de expresión sino también del derecho de manifestación, y que en el ejercicio de tales derechos, en una convocatoria previamente autorizada en la que se cumplieron todos los requisitos legalmente exigidos, podíamos expresar a la sociedad nuestra opinión sobre un tema que, en cuanto ciudadanos afectados, nos concierne directamente.

Eso es lo que pensábamos, pero parece ser que no es así. Para ciertos sectores del Gobierno Vasco el hecho de que determinadas asociaciones de víctimas del terrorismo se manifiesten en contra del plan de reinserción merece el desprecio y la exclusión social de las mismas del ámbito democrático.

En declaraciones realizadas la semana pasada, el Director Adjunto de la Oficina de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco calificó de “penosa la deriva de COVITE” por apoyar la manifestación. Entendemos que una declaración de este tipo en cuanto que proviene de alguien que ejerce un empleo público, y cuya profesión se centra en la atención a las víctimas del terrorismo, no resulta procedente. Toda persona que desarrolla el referido empleo tiene la obligación legal de llevarlo a cabo guardando la consideración debida a los administrados, pudiendo incurrir en una falta disciplinaria de no hacerlo. Podemos comprender que el citado Director no se muestre de acuerdo con la posición de COVITE, pero ello queda muy lejos de la utilización de términos despectivos que conllevan un menosprecio a quienes, aún cuando sea teóricamente, deben constituir el objeto de su gestión.

La cuestión no ha quedado ahí. Ayer mismo el Comisionado para la Convivencia del Gobierno Vasco señaló que “la reinserción de presos está dentro de la Constitución”, destacando, en alusión a los  colectivos que se manifestaron, “que quien vaya en contra  de la reinserción se sitúa fuera de la Constitución".  Consideramos que dicha afirmación en principio no es correcta ya que implicaría excluir los derechos de manifestación y de libertad de expresión respecto de todas las materias que de una forma u otra se encuentren avaladas por el ordenamiento jurídico, incurriendo en una práctica propia de las dictaduras que escudándose en su normativa excluyen y limitan los derechos de los ciudadanos. Pero es que además ningún colectivo ha negado la reinserción, lo que hemos negado son las condiciones del nuevo plan de reinserción, y solo en dicha medida hemos ejercido nuestros derechos constitucionalmente protegidos.

Por otra parte, cabe preguntarse a qué situación está llegando el Gobierno Vasco respecto de las víctimas del terrorismo cuando un alto cargo de la Administración Autonómica Vasca viene a destacar que las víctimas que participaron en la manifestación, y cuyos familiares fueron asesinados por defender las libertades constitucionales, están fuera de la Constitución. Hasta estos momentos creíamos que quienes estaban fuera de la Constitución eran los terroristas, ahora parece ser que aquellas víctimas que discrepamos del nuevo plan de reinserción merecemos, desde el punto de vista del Comisionado para la Convivencia, el mismo trato.

Rogamos a estos sectores del Gobierno Vasco que se preocupen menos de la postura de ciertas asociaciones, como es el caso de COVITE, y sigan con las actividades que verdaderamente les importan: la promoción de la legalización de Sortu; el reconocimiento de las víctimas de abusos policiales; la insistencia en el acercamiento de los presos; la negativa a requerir a las terroristas para que colaboren en el esclarecimiento de los crímenes sin resolver; las manifestaciones dirigidas a  la libertad de Otegui; la creación del Instituto de la Memoria, mezclando víctimas de todo tipo,  intentado diluir a las víctimas de ETA, etc.,… y no vengan a incluir en dicha lista, dada su postura actual, el acoso a las asociaciones que discrepamos de lo que para algunos debe ser el pensamiento único.

Donostia-San Sebastián 13 de junio del 2012

¿Etarras arrepentidos?

¿Etarras arrepentidos?

Son contadísimos los militantes de la organización terrorista que han mostrado remordimiento, pesar o aflicción por lo que han hecho. Y no serán muchos más ahora que la banda ha cambiado de discurso

Fernando Reinares

 

No dudo que haya algunos. Pero su número es tan reducido que, sobre el total de cuantos centenares y centenares de jóvenes vascos han militado en ETA durante periodos más o menos prolongados de tiempo desde hace más de cuatro décadas, ni siquiera resulta estadísticamente significativo. Muchos son, sí, los pistoleros etnonacionalistas que decidieron salir de la organización terrorista después de haber apreciado cambios en las condiciones políticas y las reacciones de la sociedad vasca, tras mantener desavenencias con la propia organización terrorista, al ver alterados sus órdenes personales de preferencias o debido a alguna combinación variable de estas tres categorías de factores. Etarras que además sopesaron con mayor o menor compromiso los costes y los beneficios de abandonar la militancia, concediendo mayor peso a los segundos que a los primeros. Unos dejaron atrás su pertenencia a ETA pero no se desradicalizaron. Otros abandonaron la organización y se desradicalizaron. Pero apenas unos pocos podrían ser considerados etarras arrepentidos.

Ninguno de los más de setenta antiguos militantes de ETA que pude entrevistar para la elaboración de mi libro Patriotas de la muerte. Por qué han militado en ETA y cuándo abandonan, mostró estar arrepentido de su implicación en la organización terrorista. Y ello aun cuando se trata de una muestra estructuralmente representativa de individuos con muy distintos rasgos sociológicos y variada procedencia geográfica, que se incorporaron a la banda armada y salieron de ella en diferentes momentos de nuestra historia reciente. Bien al contrario, lo habitual es que, al margen de cuándo y cómo dejaron de ser militantes de la banda armada, insistieran e insistan en no arrepentirse de haber formado parte de la misma. Los siguientes testimonios concatenados, correspondientes a seis individuos que pusieron fin a su militancia en alguna de las facciones de ETA entre mediada la década de los setenta y el final de la de los noventa, hablan por sí mismos e ilustran con contundencia la prácticamente imperceptible disposición de quienes han sido etarras al arrepentimiento:

 “Yo no me arrepiento absolutamente de nada de lo que hice. O sea, no me arrepiento de lo que he hecho. Si tuviese que volver a repetirlo, lo repetiría perfectamente pero con una forma más radical”, me dijo uno. “Totalmente convencido de lo que he hecho en todo momento. No me arrepiento de nada. Y en todo caso puedo arrepentirme de no haber hecho más cosas”, afirmó otro. “No sé si alguien se arrepentirá, porque yo no me arrepiento absolutamente de nada. Y estoy muy contento con toda mi historia. Muy satisfecho”, sostuvo un tercero. “Para nada me he arrepentido, ¿eh? De nada, además, de lo que he hecho. No, no renuncio a nada. No me arrepiento de nada. Al revés”, enfatizó un cuarto. “Creo que si se darían las mismas circunstancias y el mismo momento, haría lo mismo prácticamente. Yo no me tengo que arrepentir de nada”, ratificó un quinto. El sexto: “Caí, ¿no? Y son trece años que te has tirado pues a la sombra. Bueno, es una etapa que te ha tocado vivir, pero que no tengo nada de qué arrepentirme. Orgulloso pero cien por cien de haber sido de ETA.”

Yo no me arrepiento absolutamente de nada, puede leerse en dos de esos testimonios de antiguos etarras. No me arrepiento de nada, se asevera textualmente en otros dos. Al igual que afirmaciones como yo no me tengo que arrepentir de nada o no tengo nada de qué arrepentirme, que se reproducen en las demás transcripciones, todas estas frases de sentido idéntico denotan una actitud ampliamente generalizada, si no prácticamente uniforme, entre quienes han militado en ETA y dejaron voluntariamente de hacerlo, ya fuese de una manera consentida por los dirigentes de la banda armada o, por el contrario, contraviniendo las reglas por estos últimos impuestas a sus subordinados, tanto en prisión como fuera de ella. En conjunto, esos testimonios, al igual que otros muchos semejantes, ponen de manifiesto que abandonar la organización terrorista sólo excepcionalmente ha supuesto arrepentimiento por el hecho de haber estado integrado en la misma, haber contribuido a sus actos de terrorismo y haber ocasionado tantísimas víctimas de muy diversa condición.

Algunos de aquellos antiguos militantes etarras, implicados en actividades terroristas durante los años finales del franquismo, introducen en su razonamiento ciertos matices diferenciales relativos al contexto político y al significado que atribuyen a esa forma de violencia colectiva, pero sin por ello expresar arrepentimiento. Como hace este ex miembro de ETA que optó por terminar su pertenencia a la banda armada hacia finales de los setenta: “Yo arrepentirme no me arrepiento. Ten en cuenta que mi militancia fue en la época franquista. Y las muertes que anduvimos cerca nosotros pues era gente que había reprimido, reprimido mucho. Entonces, pues ese cargo de conciencia no existe. Aunque pienso que quizá en este momento pues que no hay justificaciones para acabar con una vida ni por nacionalismo ni por ideales”. Incluso los antiguos integrantes de ETA que no niegan expresamente estar arrepentidos suelen sin embargo referirse a su pasado como miembros de la banda armada etnonacionalista utilizando vocablos que distan de mostrar un sentimiento del ánimo que se le parezca.

A estos vocablos es común una consideración favorable al compromiso militante otrora adquirido y que distan mucho de transmitir aflicción por, entre otras consecuencias sociales de la violencia etnonacionalista, haber ocasionado o contribuido a ocasionar tantísimos muertos y heridos. Léase, si no, la valoración que de la propia experiencia en la organización terrorista hacen dos antiguos etarras. Primero uno que abandonó la militancia en los ochenta: “Lo volvería a hacer. Ahora estoy mucho más preparado. Pero creo que lo hice bien. Para la preparación y la capacidad que tenía creo que lo hice muy bien. Me doy un siete. Soy muy generoso”. Luego otro que dejó ETA en los noventa: “Yo asumo plenamente lo que he hecho. O sea, yo creo que viví un momento histórico en el que yo debía hacer eso y lo hice. Yo, desde luego, si tendría que hacer un balance de mi vida a ese nivel, no lo haría negativo. O sea, con todos los dramas que me ha tocado vivir, con compañeros muertos, con amigos muertos en enfrentamientos y tal, pero bueno, yo creo que eso era un precio que tenía que pagar este país”.

Sea como fuere, si arrepentimiento es pesar de haber hecho algo, entre las decenas y decenas de antiguos militantes de ETA que tuve ocasión de entrevistar a fondo durante años no conocí ninguno que se mostrase arrepentido de haberlo sido. Al día de hoy, los arrepentidos de haber formado parte de los patriotas de la muerte, al margen del modo en que optaron por salir de aquella banda armada, constituyen una minoría numéricamente muy exigua. Una minoría constituida básicamente por etarras presos que, al menos de modo formal, han afirmado estarlo, por escrito y en alguna ocasión incluso alegando imperativo legal, ante el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria, para de ese modo solicitar beneficios y permisos. Salvo alguna muy rara excepción, sin proclamarlo de viva voz ni defenderlo en público. Desde luego, que a ETA le esté resultando fácil presentar su evidente derrota policial como una transformación decidida por la propia organización terrorista, al margen de la forzosa ruina a que había sido abocada, no estimula que haya más etarras arrepentidos.

Fernando Reinares es catedrático de Ciencia Política y Estudios de Seguridad en la Universidad Rey Juan Carlos. Recientemente apareció la séptima edición de su libro Patriotas de la muerte. Por qué han militado en ETA y cuándo abandonan (Taurus).

http://elpais.com/elpais/2012/06/05/opinion/1338888792_930828.html

El Gobierno del País Vasco vuelve a humillar a las víctimas del terrorismo para contentar a ETA y a su entorno

El Gobierno del País Vasco vuelve a humillar a las víctimas del terrorismo para contentar a ETA y a su entorno

Hispanidad, martes, 12 de junio de 2012

  • Patxi López aprueba este martes el decreto sobre presuntas víctimas de abusos policiales.
  • “Con este decreto se tergiversa la historia del terrorismo y se intenta neutralizar el significado del sufrimiento de las víctimas del terrorismo”, denuncia la AVT.
  • Decisiones como esta “criminalizan al colectivo mayormente afectado durante décadas por ETA: los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado”, añaden las víctimas del terrorismo.
  • La AVT apela “al Gobierno de la Nación y al Ministerio del Interior para que impugne este decreto que humilla y denigra a las víctimas del terrorismo”.


 

Según informa la EITB, el Gobierno vasco, presidido por Patxi López (en la imagen), aprueba hoy el texto del decreto sobre presuntas víctimas de abusos policiales cometidos entre 1960 y 1978, cuyos beneficiarios van a poder comenzar a ser reconocidos e indemnizados a partir de mediados del mes de julio.

Desde la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), nos han remitido a Hispanidad al comunicado que sacaron sobre este asunto el 9 de febrero de este mismo año y en el que consideran que “el Gobierno del País Vasco vuelve a humillar a las víctimas del terrorismo para contentar a ETA y su entorno”.

“En relación a las intenciones del Gobierno del País Vasco de aprobar un decreto de “Declaración y reparación integral de las víctimas de sufrimientos injustos como consecuencia de la vulneración de sus derechos humanos producida en la Comunidad Autónoma vasca entre los años 1968 y 1978 en el contexto de la violencia de motivación política vivida”, desde la AVT queremos manifestar:

1. Nos encontramos ante una nueva fase en la ofensiva del Lehendakari Patxi López y de su Dirección de Víctimas de humillar a todas las víctimas del terrorismo y, en especial, a los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Con este decreto se tergiversa la historia del terrorismo, se intenta neutralizar el significado del sufrimiento de las víctimas del terrorismo y se busca contentar las exigencias de ETA.
 
2. Desde la AVT exigimos un mayor rigor jurídico y el respeto al principio de legalidad ante las decisiones y acciones sectarias que manipulan la historia de la victimización sufrida en el País Vasco y criminalizan al colectivo mayormente afectado durante décadas por ETA: los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.
 
3. La AVT denuncia una vez más la utilización de recursos públicos por parte de la Dirección de Atención de Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco con objetivos alejados de las necesidades, intereses y prioridades que demanda la AVT: entrega de las armas, arrepentimiento de los terroristas, cumplimiento de las condenas, denuncia de la historia criminal de la banda, reparación moral -cuando sea imposible la judicial- de todos los casos de asesinato de ETA aún sin resolver (más de cuatrocientos) y cuestionamiento permanente a los herederos políticos de ETA por no condenar todos y cada uno de los atentados cometidos que han vulnerado los derechos y libertades de miles de ciudadanos en el País Vasco y también en toda España.
 
4. Denunciamos que todo este “apaño” se está fraguando de espaldas de la asociación decana y mayoritaria de representación de las víctimas del terrorismo, con 4.000 socios, muchos de ellos residentes en el País Vasco. El Consejo Vasco de Participación de Víctimas del Terrorismo -en el que sólo hay dos colectivos con legitimidad para representar a las víctimas como son COVITE y ACFSE Víctimas del Terrorismo- ha marginado a la AVT.
 
5. Apelamos al Gobierno de la Nación y al Ministerio de Interior para que impugne este decreto que humilla y denigra a las víctimas del terrorismo por considerarlo contrario al ordenamiento jurídico y en concreto a las leyes de reconocimiento y protección de las víctimas del terrorismo”.

José Ángel Gutiérrez

http://www.hispanidad.com/Confidencial/el-gobierno-del-pas-vasco-vuelve-a-humillar-a-las-vctimas-del-terrori-20120612-150529.html