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La tregua de ETA: mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas

El movimiento de las víctimas del terrorismo y la crisis

El movimiento de las víctimas del terrorismo y la crisis

Pocos días antes de la última manifestación celebrada por varias organizaciones de víctimas del terrorismo, el anticipo del barómetro de mayo del Centro de Investigaciones Sociológicas aseguraba que el terrorismo apenas inquietaba al 1´2% de los españoles. Por el contrario, el paro sería la principal preocupación del 81´7% de encuestados, mientras que las cuestiones de índole de tipo económica lo eran para el 51%. De un total –casi- de 30 problemáticas, la del terrorismo era la penúltima –en preocupante percepción- de todas ellas. Un cambio sustancial en la opinión pública; pero no tanto. Recordemos que el terrorismo empezó a preocupar a muchos compatriotas a raíz del atentado de ETA contra Hipercor en Barcelona, hace ya 25 años de ello, cuando los medios de comunicación asumieron y difundieron la idea de que “cualquiera podía ser víctima del terrorismo”. Hasta entonces parecía que “sólo” era un problema de guardias civiles, militares, policías, fachas…

Con tan negros presagios, el pasado 9 de junio se reunieron en la plaza de Colón de Madrid unos escasos millares de manifestantes convocados por Voces Contra el Terrorismo, su plataforma Mujeres por la Justicia, y diversas entidades del antaño denominado, por algunos, “movimiento cívico constitucionalista”.

No acudieron a la cita la mayoría de las asociaciones de víctimas del terrorismo que constituyen el fragmentado panorama, fruto de una trayectoria difícil y convulsa; entre ellas la mayoritaria AVT que, no obstante, también ha manifestado su desacuerdo con el plan de reinserción de presos terroristas desarrollado por el Ministerio del Interior español.

En este contexto, una de las ideas movilizadoras de esta enésima convocatoria era, de nuevo, la de la “rebelión cívica”.

Generada en el seno de la Asociación de Víctimas del Terrorismo entonces dirigida por Francisco Alcaraz, ese eslogan constituyó un afortunado recurso táctico; sintética expresión de las inquietudes de muchos españoles, más allá incluso del imprescindible “memoria, dignidad y justicia” que venía canalizando el dolorido impulso de la inmensa mayoría de víctimas del terrorismo desde años atrás.

Frente la indiferencia o complicidad de las élites, la “rebelión cívica” fue foco de atracción y catalizador de miles y miles de españoles preocupados por la deriva de su cuestionada –y en aparente “caída libre”- nación. El mar ondeante de banderas rojigualdas, característico de esas memorables manifestaciones impulsadas por AVT, era la expresión de un estado de ánimo, de unos valores, de unas creencias, que trascendían las exigencias, tantas veces aplazadas y despreciadas, de las víctimas del terrorismo.

Desde el apogeo de esas manifestaciones, hasta el pasado 9 de junio, han sucedido muchas cosas en España.

Y si una palabra preside la vida nacional, hoy día, ésa es la omnipresente -hasta el hartazgo-  “crisis”. Un peligroso e inédito trance referido, en principio, a la economía.

Una crisis a la que se ha reconocido, aunque sin profundizar generalmente en ello, un sustrato más profundo: la crisis de valores, siendo otra expresión de la misma, la crisis nacional que vivimos. Ausencia de cohesión social, separatismos crecientes de poderosas perspectivas, individualismo extremo, corrupción institucional, desmoralización general... Una crisis a la que no podemos negar una base religiosa: la crisis del catolicismo español; aunque sea políticamente incorrecto afirmarlo.

¿Estamos ante un nuevo, acaso definitivo, 98? Entonces, se diría que los españoles –los que todavía así nos consideramos- lo sufrimos como se supone lo hacen las  ranas cocidas a fuego lento: sin sentir nada.

Años atrás, ya se intuía que la crisis que adivinaban algunos, aunque todavía viviéramos en la España del derroche y del optimismo, podía tener un calado más profundo de lo que los políticos y generalidad de comunicadores reconocían.

Por ello, esas inquietudes, percibidas por miles de españoles descontentos y críticos, se canalizaron en esa “rebelión cívica”, trascendiendo el legítimo interés de las víctimas del terrorismo. Así, tuvieron la fortuna –o carga, según se vea-, de aglutinar en su entorno un sinfín de asociaciones, plataformas, fundaciones, configurando un no del todo definido y, en todo caso heterogéneo, movimiento cívico constitucionalista; primero ceñido al País Vasco y Navarra y después extendido al resto de España.

Las vicisitudes políticas, sociales y económicas, particularmente las primeras, de España, a lo largo de esos años de movilización, condicionaron la natural vida de las heroicas asociaciones de víctimas del terrorismo. De este modo, la singular cobertura mediática y el apoyo, expreso o indirecto según el momento, del Partido Popular, jugaron un rol tan importante como distorsionador. El alejamiento o disminución de esos apoyos redujeron gradualmente su capacidad de movilización. De modo paralelo -no podía ser de otra manera- ese movimiento cívico se desinflaba, desapareciendo no pocas de sus entidades o reduciendo notablemente su volumen.

Sustracción de apoyos, abandonos, divisiones, luchas personalistas, contaminación partidista… una travesía por el desierto tan compleja como injusta.

El día 9 de junio, Voces Contra el Terrorismo hizo de nuevo lo que tenía que hacer: salir a la calle. Y lo hizo, seguramente, consciente de que éstos son otros tiempos.

A Voces Contra el Terrorismo, y todas las demás asociaciones de víctimas, no se les puede pedir más: demasiado han hecho ya; locomotora forzada de un tren acomodado e indolente.

Han sido, y seguirán siendo, un referente moral extraordinaria para una España dormida y encarrilada –acaso- hacia un destino fatal.

Las asociaciones de víctimas del terrorismo han estado, siguen, y continuarán activas; sin duda. Pero ya va siendo hora de que otras voces, otras fuerzas, asuman y acompañen la “rebelión cívica”.

Son muchos, muchísimos, los españoles a la intemperie abandonados por políticos, intelectuales y demás líderes naturales. Entre el repliegue personal y la crisis global, frente al desesperado “sálvese quien pueda” y el cinismo, ¿no hay alternativas?

Rebelión cívica; más que nunca.

 

Fernando José Vaquero Oroquieta

http://www.diarioya.es/content/el-movimiento-de-las-víctimas-del-terrorismo-y-la-crisis

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