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La tregua de ETA: mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas

Regeneración democrática, desarme y “tierra quemada”

Regeneración democrática, desarme y “tierra quemada”

 

            Al igual que en anteriores convocatorias electorales de nuestra –ya no tan joven- democracia española, ETA capitalizó, en el contexto del pasado 20-N, la atención mediática, con un calculado movimiento táctico; en esta ocasión, una de sus frecuentes, carnavalescas, anónimas y encapuchadas entrevistas. Lo que debiera entenderse como una patología colectiva, inaceptable en cualquier sociedad avanzada, se ha convertido en una pseudotradición: el incómodo asistente no invitado a tan esperado convite. Una de entre tantas otras modalidades de presencia terrorista en nuestro paisaje, pese a su antidemocrática capacidad de distorsión.

            No obstante, de modo inquietante pero no por ello menos esperado, ello redundó además en unos magníficos réditos electorales, aproximando con pasos de gigante a Amaiur, brazo político del engendro, a su objetivo de siempre: el liderazgo del conjunto del nacionalismo vasco y, simultáneamente, el avance en sus posiciones rupturistas con el Estado español. Y con una mirada fija y una férrea voluntad planeando a medio plazo.

            Pero hay que subrayar un factor incómodamente novedoso en este escenario: han plantado, de semejante modo, un jalón más de ese denominado proceso de paz que, pese a su naturaleza esotérica e inédita para la inmensa mayoría de los mortales, y siguiendo el modelo irlandés, han aplicado Josu Ternera, Arnaldo Otegi y compañía, con el beneplácito cegato y arcangélico de los mal llamados mediadores internacionales y el colaboracionismo –explícito o implícito, algún día se sabrá aunque sea por Gara- del PSE/PSOE.

            Como guinda de tan voluptuoso e indigesto pastel, además de las tópicas invocaciones a la paz y a las víctimas, no han sido pocos los políticos y agentes mediáticos que han apelado a la necesaria regeneración democrática, a la pacificación y a la normalización; como supuestos objetivos últimos de tamaño despropósito.

            Pero, ¿cómo normalizar una sociedad que ha sido amputada de una parte sustancial de sí misma? Es elemental, pero hay que preguntarse, más allá de cansinos y comodones tópicos biempensantes, ¿cómo fortalecer la moral democrática? La moral, ¿de quién? Y, ¿por quienes? ¿Acaso de la mano de los antaño terroristas y sus apoyos?

            No nos equivoquemos: la izquierda abertzale no es democrática, en el sentido literal de tan respetable, liberal y occidental concepto: ni en sus prácticas, ni en sus convicciones. Por el contrario, deviene totalitaria y excluyente, lo que arrastra una desorbitada dimensión cultural, social e individual. Y la democracia –seamos claros- le es indiferente: únicamente un medio para la conquista de tan grandioso fin, el que de verdad le mueve; la construcción nacional vasca.

            Tales invocaciones a la moral democrática y a la normalización, por mucho que se reivindique un desarme de la banda terrorista ETA sin contrapartidas, son meros ejercicios de retórica. No es posible regenerar nada entre quienes no tienen interés alguno en ello o, más bien, todo lo contrario.

            Una premisa. A lo largo de estas décadas, no sólo han sido los sectores de la autodenominada izquierda abertzale los que se han excluido voluntaria y voluntariosamente de la normalidad democrática, sino toda una generación de jóvenes, educada y abducida en los contravalores destilados desde las laboriosas factorías socioculturales del comunitarismo nacionalista excluyente.

            No puede ser de otra manera. Para regenerar, en primer término, hay que contar con un cuerpo social susceptible de tan magno empeño; lo que exige una siembra paciente entre las carnes de la sociedad vasca y navarra, un cambio individual, impulsado de sujeto a sujeto, con nombres y apellidos, con la persona como protagonista, manchándose sus operarios con el barro de la historia y la sangre de la vida. En suma, lo que en términos políticos, sin complejos, significa una contrarrevolución cultural compensatoria, e incluso antagonista, de la revolución existencial desarrollada sistemáticamente, desde hace décadas, por el panvasquismo.

            En amplios territorios y espacios colectivos del País Vasco y Navarra impera la ley de la exclusión. Los elementos constitucionalistas más relevantes, o simplemente no nacionalistas, fueron asesinados en una sorda sangría tapada con el abyecto “algo habrán hecho”. Otros emigraron en un exilio callado. Los indiferentes se amoldaron al nuevo modus vivendi de los verdugos; y sus hijos se educaron en las quintaesencias nacionalistas, en cualquiera de sus convergentes versiones. La homogeneización nacionalista se impuso. Por el contrario, las otras perspectivas existenciales retrocedieron hasta casi desaparecer; una mutación social espoleada por el recambio generacional y el obligado exilio interior o exterior. Hoy día, ignorando cínicamente tal realidad, son muchos los que han proclamado que “¡ahora todos han podido votar en libertad!”. Seguro, sobre todo los muertos y los exiliados…

            Desarme, pacificación, normalización, ¡regeneración…! Casi nada, sobre todo tras décadas de ejecución implacable de una táctica de “tierra quemada”, liberándola de los discrepantes, por parte de terroristas y adláteres. Extraordinaria empresa, por tanto, que se antoja nada sencilla: ¿cómo hacerlo?, ¿desde dónde?, ¿para quién?, ¿por quién?

            Si se pretende ir más allá de la retórica, persiguiendo un verdadero cambio social que sustente a una acosada nación española, se impone una perspectiva omnicomprensiva y a largo plazo, por medio de una ambiciosa lucha cultural intrincada en una alternativa atractiva frente a los nacionalismos agresores. Pero, los posibles actores de tal empeño, ¿están dando la talla? Mucho tememos que la respuesta sea negativa. Así, no es precipitado afirmar que Patxi López ha desperdiciado una ocasión de oro; no en vano desde la Jefatura del Gobierno Vasco disponía de medios materiales importantes para emprender esa batalla por el cambio de mentalidades que ya iniciara –en los años de plomo- el movimiento cívico constitucionalista y pacifista vasco. Una epopeya de trasfondo cultural, ético y metapolítico cuyo patrimonio se está dilapidando por intereses políticos cortoplacistas, cuando no simplemente ocultos.

            Decaído y casi anulado tal movimiento, Patxi López y los suyos han eludido esa batalla tan necesaria como legítima. Les ha faltado altura de miras, medios humanos tal vez; en cualquier caso, la necesaria voluntad imprescindible para tan ambicioso proyecto. Seguramente, sus servidumbres ideológicas y sus compromisos políticos les han anulado para tal envite; si es que alguna vez se lo propusieron con la dolorosa lucidez que ello exige.

            Finalmente situado en inexcusable primera línea de la responsabilidad nacional, el Partido Popular viene afirmando, por activa y por pasiva, que los imperativos de la recuperación económica serán su prioridad. Pero, pensamos, que tal determinación no puede ignorar la inevitable confrontación política, en sus nuevas expresiones, que se avecina.

            En esa ineludible empresa por la verdadera regeneración democrática, el Gobierno de Madrid, y la mayoría parlamentaria que lo sustenta, tendrán que responder sin excusas al reto del nacionalismo radical: su presencia en las instituciones, la pervivencia larvada –o mutada- de ETA, sus previsibles desaires cotidianos, sus seguros desafíos rupturistas, su irrenunciable avance social… Semejante herencia envenenada, de no pocas cláusulas acaso inéditas o imprevisibles, deberá ser desbrozada por el Partido Popular; y sin el aval del antaño filón de la tradición socialista vasca, ni la de su agónico Gobierno Vasco en retirada.

            Más allá de tan repetidas como inútiles recetas parciales, ya no sirven las improvisaciones. Ni los atajos. Ni los simplismos. Basta ya de tópicos autocomplacientes, excusas tranquilizadoras, cobardías encubiertas. No queda tiempo. Ya no.

 

Diario Liberal, 2/12/11

Fernando José Vaquero Oroquieta

Ante la entrevista a la organización terrorista ETA publicada en el diario GARA, la AVT manifiesta:

Ante la entrevista a la organización terrorista ETA publicada en el diario GARA, la AVT manifiesta:

1.      ETA vuelve a entrar en campaña a su manera. Esta entrevista, igual que el comunicado de “cese de la actividad armada”, es un nuevo acto electoral con un único objetivo: beneficiar a su nuevo brazo político, Amaiur, para las próximas elecciones del 20-N.

2.      Estamos ante un nuevo chantaje de la organización terrorista al Estado de Derecho con una oferta de un supuesto desarme a cambio de las mismas reivindicaciones de siempre: “vuelta a casa de todos los presos y presas vascos” y de los exiliados, “desmilitarización de Euskal Herria”, “acabar con las ilegalizaciones” y reconocimiento “de los derechos del pueblo vasco”.

3.      Las víctimas no nos vamos a cansar de denunciar que la situación actual de “cese de la actividad armada” no supone la derrota de ETA. Simplemente es un cambio de estrategia con el que no renuncian a ninguno de sus objetivos políticos de siempre: la exigencia de un proceso de negociación con los Estados español y francés sobre la autodeterminación de “Euskal Herria” y el derecho a decidir.

4.      Según los etarras, el desarme está incluido en “la agenda de la negociación entre ETA y el Estado”. ¿Ahora resulta que son los asesinos los que comparten agenda con el Gobierno? ¿Van a marcar estos asesinos todos los puntos de la “agenda”?

5.      Por lo tanto, estamos ante un cambio puramente táctico de cara a las próximas elecciones generales. ETA quiere conseguir, por dejar de matar, aquello por lo que lleva matando décadas.

6.      En la entrevista –como en comunicados anteriores- ETA no reniega de los 50 años de terror causado ni reconoce el error de su macabra estrategia terrorista. Todo lo contrario. Exalta su historia criminal y se jacta de ella: reivindica los asesinatos y rinde homenaje a los terroristas. Incluso proclama su "felicidad y orgullo" por todo lo hecho durante su historia (los asesinatos, el chantaje, la extorsión y el terror).

7.      Estamos ante un nuevo acto de desprecio y humillación a las víctimas del terrorismo. No sólo no piden perdón sino que incluso califican nuestras reivindicaciones de JUSTICIA como “actitud fascista y sed de venganza”.


8.      Pedimos al próximo Gobierno de España que no caiga en esta nueva trampa de ETA. A los terroristas no se le puede hacer ningún tipo de concesión, ni mucho menos pagar precio político alguno: ni por empuñar las armas ni por anunciar su entrega.

9.      El camino de la derrota de ETA sólo pasa por la ilegalización de sus estructuras políticas –en la actualidad Bildu y Amaiur, tal y como reconoce la propia ETA en la entrevista; por el cumplimiento íntegro de las condenas; y por la exigencia a ETA de renunciar, no sólo a los medios violentos, sino también de los fines totalitarios y contrarios al sistema democrático (como establece la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, de junio de 2009, que avaló la ilegalización de los partidos políticos HB-EH-Batasuna). Este sería el verdadero final de ETA: un final sin impunidad, en el que los terroristas sean los vencidos y las víctimas y la sociedad española los vencedores.

 

Cine y terrorismo

Cine y terrorismo

El comunicado de la banda terrorista Eta practica el lenguaje envenenado habitual en los acostumbrados a cargar las palabras con la munición del Magnum 44. No solo no se rinden –"Desarmados, se ofrece cautivo el ejército nacional-socialista vasco", deberían escribir–, sino que se postulan como interlocutores directos de los gobiernos francés y español. Será porque por cada voto pueden poner una bala. Y también porque tras la concesión política de la legalización de Bildu han "olisqueado" la debilidad electoralista y la falta de nervio político de los dos principales partidos españoles.

El cine español no ha sabido plantear la miseria moral y política de la extrema izquierda nacionalista vasca. O no ha querido. Dado el sesgo izquierdista de la mayor parte del entramado cultural español, sobre todo en el entorno cinematográfico, enfrentarse a resolver el enigma vasco hubiese significado preguntarse sobre la íntima relación de la izquierda con la violencia. O dicho de otro modo, ¿cómo dentro de una sociedad aparentemente culta y civilizada como la vasca puede aparecer un movimiento de una violencia tan brutal, del mismo modo que en la Alemania de mitad del siglo XX pudo eclosionar la barbarie nazi?

Por el contrario, en la última famosa película de tema etarra, Tiro en la cabeza, Jaime Rosales pretendía practicar una equidistancia entre aquellos que consideramos a los etarras unos asesinos de la peor especie y los que los ven como unos luchadores en el marco de un movimiento de liberación nacional. Como si Aristóteles hubiese defendido la existencia de un término medio entre los nazis y los judíos. Porque, en fin –parece predicar Rosales–, no hay que ser tan extremista, to er mundo e güeno, que diría el gran Manuel Summers, y "hablando se entiende la gente", que dice nuestro actual monarca (mientras Moody’s no diga lo contrario). En Gara la película de Rosales fue muy aplaudida porque era una metáfora sobre lo poco que aportan ya las agotadas discusiones y tertulias sobre el conflicto, a sabiendas de que una imagen potente vale más que mil palabras inútiles.

Discusiones y tertulias, diálogos, hablar... ¡qué perdida de tiempo para Eta, Gara y Rosales! ¿Hay una imagen más potente que un coche estallando o una cabeza reventando? Pues eso. Y es que, parafraseando a Wittgenstein, de lo que no se quiere hablar, mejor tirotear. El silencio que defiende Rosales y que le aplaude Gara no es una elección sino el síntoma de una impotencia artística y política. Y termina siendo el silencio de los cementerios.

De las más de cuarenta películas en las que Eta tenía un papel más o menos fundamental han sido las de Imanol Uribe las que de forma más interesante cinematográficamente, aunque siempre de perfil, han mostrado la idiocia terrorista. De El proceso de Burgos (1973) a Días contados (1994) pasando por La fuga de Segovia (1981) o La muerte de Mikel (1983).

Seguramente porque, partidario de una aproximación oblicua a través del cine de género, las películas de Uribe son capaces de situar a Eta ante un trasfondo de tramas turbadoramente sexuales que también se pueden leer como una metáfora de cómo, bajo esa apariencia campechana y cordial del vasco habitual, se esconde una profunda represión moral que actúa como una olla a presión y que termina por estallar en forma de coche lapa. Nunca se terminará de subrayar el papel de la Iglesia vasca en el surgimiento de Eta, así como en la justificación que un sector considerable del clero vasco ha prestado siempre al terror como paraguas moral. Y la intersección entre la voluntad genocida del marxismo-leninismo con la xenofobia del nacionalismo de Sabino Arana.

Manuel Gutierrez Aragón con Todos estamos invitados e Iñaki Arteta con Trece entre mil, con diferente suerte, sí que utilizaron el cine como testimonio de análisis lúcido, valiente y certero. Gutiérrez Aragón elegía sabiamente como escenario de la tragedia vasca uno de esos artificiales oasis vascos de convivencia: sus celebérrimas sociedades gastronómicas, en las que jamás se ha permitido que la ética de la resistencia estropease la estética de unas cocochas de bacalao (¿o las prefiere usted, estimado lector, de merluza?) al pilpil. Se quejaba Fernado Savater del poco compromiso cívico de los cocineros a la hora de defender las libertades en el País Vasco; en mala hora: todavía estará comiendo de lata.

Lo de Iñaki Arteta, sin embargo, sí que era una lección de ciudadanía. En El infierno vasco daba voz a los que habían sido despojados de ella por la fuerza de las armas o de la conjura de los necios que al humanizar a los verdugos trataban de deshumanizar a las víctimas. Antígona tuvo a Sófocles pero los Buesa, Múgica, Pagazaurtundua o Villa..., ¿quién hara suya su voz, ahora que resulta tan incómoda en aras del resultadismo de corto alcance que piensa, como Paolo Vasile de la televisión, que la reputación está en la cuenta de resultados, a despecho de cualquier consideración ética o política de altos vuelos? ¿Quién será su Pete Travis, el ejemplar director de Omagh, la película en la que se retrata la vergonzosa sumisión política británica a las exigencias terroristas del Ira cuando dejó en la intemperie moral y política a las familias víctimas de un brutal atentando terrorista? Lamentablemente, es más fácil que sumemos humillación cinematográfica a ignominia política y que algún émulo de Ken Loach y su justificación del terrorismo irlandés en El viento que agita la cebada pronto tendrá su eco entre nosotros.

De El delator de John Ford a Hunger de Steve Mcqueen, pasando por la serie televisiva 24, Munich de Spielberg, Carlos de Assayas o V de Vendetta, lo cierto es que cierto cinematógrafo sí que ha conseguido hacer luz sobre las oscuridades terroristas, con su pervertida lógica de la violencia que pretende escribir derecho con renglones torcidos y siniestros.

Santiago Navajas 

Libertad Digital, fin de semana, 22/10/11

Las claves del terrorismo según Pío Moa

Las claves del terrorismo según Pío Moa

Reseña en el suplemente Libros de Libertad Digital

España es uno de los países más afectados por el terrorismo, y sin embargo los estudios y análisis sobre el mismo han sido pocos y en general romos o mediatizados por ideologías diversas. Con lo que la opinión pública sabe poco del fenómeno, y aun ese poco, distorsionado. Por eso es muy de agradecer el libro de Fernando J. Vaquero Oroquieta La ruta del odio, 100 respuestas claves sobre el terrorismo. 

 

En efecto, a través de cien preguntas que se hace o puede hacer cualquier persona preocupada por el fenómeno, Vaquero va desgranando unas respuestas casi siempre claras y convincentes.

 

Las cuestiones pasan de lo más general a lo más particular, y a la explicación de diversos tipos actuales de terrorismo: cuándo nace este modo de actuar, cómo evoluciona, a qué se debe; su relación con ideologías totalitarias, con los nihilismos y el anarquismo del siglo XIX, con la religión, con el marxismo, con los nacionalismos... Finalmente, aborda sus rasgos en España y en lo que suele llamarse, un poco a la ligera, "mundo globalizado". Sobre todo lo cual ofrece abundantes datos, algunos poco conocidos. Solo esta panoplia de cuestiones ya indica el interés de esta contribución valiosa al análisis de unas formas de violencia política características de la modernidad, es decir, de un mundo poco religioso (el yihadismo merece análisis aparte), pragmático, con gran incidencia de los medios de información y opinión, tendencias democráticas y al mismo tiempo una faceta nihilista.

 

El terrorismo en Occidente viene estrechamente ligado a la propaganda, y en ello consiste su racionalidad. La idea extendida de que los terroristas son psicópatas o idiotas (aunque los hay, como en los propios gobiernos) solo revela simpleza. Ello sin olvidar, desde luego, la amplia difusión de patologías psíquicas y opiniones disparatadas, como podemos constatar fácilmente en internet, donde corren las más alucinadas concepciones de la historia, de la realidad, de la política o de la economía. Ideas que son muy a menudo productos de descomposición del marxismo, que crean en el individuo una mezcla explosiva de esperanzas exaltadas de redención, justicia o felicidad en la tierra... y una frustración simétrica cuando las considera incumplidas, de lo cual acusa apasionadamente a algún culpable general: el capitalismo, el "sistema", el imperialismo, el cristianismo, un gobierno determinado, unas fuerzas oscuras y ocultas que manejarían el mundo para impedir una realización humana tan plena como confusa, según la concibe el frustrado. De ahí una especie de histeria que llega a hacerse masiva y servir de vivero a grupos terroristas. Y no necesariamente, como podría ocurrir ahora con los indignados, en momentos de crisis económica: las movilizaciones juveniles de los prósperos años 60 originaron, precisamente, numerosos grupos terroristas en Europa, Usa y Japón, sin contar el terrorismo palestino, entonces laico y no yihadista.

 

Dejando aparte el islámico, al que se dedica bastante espacio pero que no trataré aquí, el terrorismo en Occidente va estrechamente ligado a dos rasgos característicos de nuestra época: la expansión, desde el siglo XIX, de la sociedad de la propaganda y la información, por un lado, y de un relativismo moral y político que crea la impresión de que cualquier opción puede ser tan legítima como cualquier otra, por otro. Cuando un grupo de personas cree en una opción determinada que choca con la corriente dominante, se encuentra a menudo sin posibilidad de expresarse, o con una expresión sin efecto social. Una salida racional, aun si arriesgada, consiste en recurrir al atentado para obligar a los medios de masas a ocuparse de esa opción. Esta clase de terrorismo se define como "propaganda por la acción", más específicamente por la acción sangrienta, que llega a tener un éxito extraordinario cuando logra engarzar con corrientes políticas más fuertes, aun si no directamente terroristas y de objetivos más o menos afines.

 

Cuando el estado se muestra débil o incapaz ante el ataque, el terrorismo pasa de medio de propaganda a medio de corrosión y derrumbe del propio estado.

 

El caso de la ETA en España es modélico: su racionalidad se ha demostrado muy eficaz para ella, hasta condicionar la evolución política del país de modo extraordinario, y hoy más que nunca. Ello se debe al amplio círculo de simpatías, colaboraciones parciales y deslealtades hacia España y la democracia por parte de muchas de las principales fuerzas del país, que veían en los asesinatos etarras un instrumento útil (recoger las nueces, dijo un famoso delincuente). Creo que el autor del libro queda a medias en este aspecto. Así, atribuye el considerable arraigo popular alcanzado por la ETA a un nacionalismo fuerte y preexistente (basta leer a los fundadores del grupo para entender que su problema era el contrario), o a "debilidad o falta de perspicacia de otros actores políticos", como el PNV. Este partido ha sido uno de los mayores colaboradores de la ETA, no porque se identificase con ella (salvo en el plano separatista), sino porque extraía ventajas políticas directas o indirectas de sus crímenes. También señala Vaquero como causa "un Estado en buena medida inhibido", pero no explica las razones de tan sospechosa inhibición, de las que algo he tratado en La transición de cristal.

 

Con alguna salvedad como esta, nos encontramos con un libro claro, informativo y analítico, una verdadera contribución a la comprensión de un fenómeno tan grave e influyente como mal comprendido.

 

 

 

FERNANDO JOSÉ VAQUERO OROQUIETA: LA RUTA DEL ODIO. Sepha, 2011, 429. Prólogo de ANTONIO BERISTAIN.

 

http://libros.libertaddigital.com/las-claves-del-terrorismo-1276239486.html

EL FORO ERMUA ANTE EL COMUNICADO DE ETA del 20-OCTUBRE, UN MES ANTES DE LAS ELECCIONES GENERALES de 2011

EL FORO ERMUA ANTE EL COMUNICADO DE ETA del 20-OCTUBRE, UN MES ANTES DE LAS ELECCIONES GENERALES de 2011

Bilbao, 21 de octubre de 2011. Desde hace veinte meses, el Foro Ermua está denunciando abiertamente que el Gobierno estaba procurando presentar como logro electoral antes de las próximas Generales la “escenificación de una derrota de ETA que está pactada con ETA” y que sólo en ese contexto era comprensible la sucesión de beneficios judiciales, políticos, penitenciarios, … con el que ETA ha obtenido poder, impunidad, financiación y legitimidad internacional.  El acceso de ETA –con el disfraz de Bildu- a las Elecciones Municipales y la posibilidad abierta de hacerlo el 20-N a las Generales, convirtiéndose en la primera fuerza política en el País Vasco, es el único marco –porque es la realidad- para interpretar con acierto las expectativas impensables que se han abierto a ETA y a su entorno por la “vía de la legalidad”, como en numerosas ocasiones han comunicado.

 

En este contexto, ETA corresponde al Gobierno por los múltiples favores recibidos:

 

1.     El comunicado de ETA es contradictorio en sí mismo y no garantiza que nos encontremos ante el final irreversible del terrorismo. No se puede anunciar un cese definitivo de la violencia y solicitar al mismo tiempo un proceso de diálogo que tenga como uno de sus objetivos principales “la superación de la confrontación armada”.

 

2.     Si la renuncia al terrorismo fuera realmente definitiva, ya no existiría “confrontación armada”. No es la primera vez que ETA utiliza adjetivos grandilocuentes para anunciar el cese del terrorismo, sin que ello haya impedido que se vuelvan a cometer atentados. En la última ocasión declaró un “alto el fuego permanente” que resultó ser temporal y terminó con el atentado en la T4 en el que la banda asesinó a dos personas.

 

3.     Si la decisión de ETA de cesar en el uso del terrorismo fuera irreversible, resultaría ilógico que no fuera seguida de una entrega de las armas y una disolución de la banda.

 

4.     Resulta extremadamente sospechoso que este comunicado sea difundido un mes antes de las Elecciones Generales. Estamos ante un dato adicional que viene a apuntalar las severas sospechas de que el mismo es producto de un proceso de negociación, aumentando las dudas sobre la sinceridad del mismo.

 

5.     Las fuerzas políticas están demostrando una gran irresponsabilidad y desconocimiento de la banda terrorista al reaccionar con euforia ante el comunicado en lugar de tener la necesaria y sana cautela que una situación como ésta requiere.

 

6.     El Estado debe mantener una postura de firmeza en la lucha antiterrorista. Se debe mantener la presión policial, la política penitenciaria y la ilegalización de Batasuna y sus sucesoras. No hay nada que dialogar ni negociar con ETA ni con ninguna de sus estructuras.

 

7.     Si el cese del terrorismo fuera realmente definitivo, mantener la firmeza antiterrorista no tendría efecto alguno sobre dicho cese. Si el cese fuera meramente estratégico, mantener la firmeza antiterrorista resulta esencial.

 

Para poder afirmar que estamos ante el fin de ETA son necesarias determinadas condiciones: (1) Que anuncie su disolución definitiva e irreversible. (2) Que entregue las armas, y descubra sus zulos y pisos francos. (3) Que pase una cuarentena suficiente –al menos cuatro años- en los que, sin diálogo alguno con el Estado y manteniendo en toda su extensión la política antiterrorista, se pueda comprobar (a) que desaparece todo tipo de violencia y coacción terrorista, (b) que no funciona el frente de extorsión, (c) que no hay aprovisionamiento de ningún tipo, (d) que no hay captación de nuevos terroristas y (e) que no hay actividad de la banda de ninguna otra clase.

 

Las víctimas del terrorismo y la recuperación sin límites ni cesiones de una libertad secuestrada deben ser la guía en la lucha contra ETA y en el camino para conseguir su extinción irreversible. Desde el Foro Ermua reiteramos la necesidad de una reacción ciudadana ante los resultados de una negociación soterrada con ETA que el Gobierno socialista, con el apoyo del PNV, han ejecutada a pesar de la oposición de 7 de cada 10 españoles y que se pretende dejar como herencia parasitada al nuevo Gobierno que surja tras los comicios del 20-N.

 

Convocamos a la rueda de prensa el viernes 28 de octubre a las 12 p.m. en los Jardines Cecilio Rodriguez, del Ayuntamiento, Menendez Pelayo 67 y a la concentración en la Plaza de la República Argentina de 12 a 1 el sábado, 29.

 

Las víctimas del terrorismo de Aragón NO están satisfechas con el comunicado.

Las víctimas del terrorismo de Aragón NO están satisfechas con el comunicado.

AVT: ETA chantajea al Estado con su comunicado de la impunidad



Ante la “satisfacción contenida” de partidos políticos y sociedad por el nuevo comunicado de ETA las víctimas denunciamos:

 

1.- Se trata de un nuevo acto de pantomima, cuyos protagonistas son ETA, los mediadores y el PSOE, partido que ostenta el Gobierno de la nación y el Gobierno Vasco.

2.- Nos parece más de lo mismo. El término “definitivo” ya ha sido utilizado en otros comunicados, que luego quedaron en papel mojado.

3.- La finalidad  de este comunicado es política para forzar la negociación y persigue réditos electorales, con el fin de favorecer a Amaiur.

4.-Se trata de un nuevo chantaje de ETA al Gobierno español y francés al supeditar la supuesta superación del ¿conflicto? a un proceso de negociación con estos ejecutivos.

5.- El comunicado emplea términos inaceptables como “conflicto” y “consecuencias”: no existe un conflicto en este país ni ha existido. Y no hay consecuencias de las que hablar porque no hay nada que negociar y mucho menos, que es lo que está en su horizonte, deliberar acerca de excarcelaciones o beneficios de los asesinos.

6.- Hacemos un llamamiento a este Gobierno y al próximo para que no caigan en la trampa que ETA ha tejido como una auténtica tarántula.

7.- En ningún momento del comunicado hemos vislumbrado un ápice de arrepentimiento por sus acciones, sino que además, las víctimas hemos tenido que ver cómo realizaban un reconocimiento público de los terroristas asesinos que destrozaron nuestras vidas.

8.- En ningún lugar aparece la asunción de su derrota como proyecto asesino y político.

9.- En el comunicado ETA no muestra su intención de disolverse ni de renunciar al proyecto político por el que ha asesinado 50 años.

10.- Lo único que deseamos las víctimas es conocer  cuándo van a entregar las armas; dónde y cuándo se van a entregar  los asesinos aún huidos;  cómo van a renegar de su trayectoria criminal y cuando van a pedir perdón por sus 50 años de terror y dolor causado.

11.- Nos alarma que representantes del Gobierno vean este  comunicado  tramposo como una victoria del Estado de Derecho, cuando en realidad supone la cesión del Estado al chantaje terrorista y un final del terrorismo basado en la impunidad.

AVT: “Si el Tribunal Constitucional deroga la Doctrina Parot estaremos ante una cesión más a los terroristas”

AVT: “Si el Tribunal Constitucional deroga la Doctrina Parot estaremos ante una cesión más a los terroristas”

La AVT, ante el debate abierto sobre la legalidad de la Doctrina Parot quiere manifestar lo siguiente:

1.- La Doctrina Parot se ajusta plenamente a derecho y no vulnera el derecho de los presos. Tan sólo regula la manera en que las redenciones penitenciarias deben ser aplicadas, asunto que no estaba establecido. El propio Tribunal Supremo señalaba que se “ha rectificado un criterio erróneo” en la forma en que los beneficios penitenciarios eran aplicados a las penas impuestas en un alegato de la Doctrina Parot.

2.- La Doctrina respeta los 30 años de cumplimiento de condena del Código Penal de 1973 y no los amplía. No obstante, tiene en cuenta, al mismo tiempo, la figura de la redención penitenciaria, para que sea aplicada de acuerdo a derecho.

3.- Ningún preso juzgado con el Código Penal de 1973 y 1995 cumplirá más de 30 años; pero no dejará de cumplir su pena, hasta el máximo que la ley contempla. Qué mínimo que un terrorista sanguinario pague los 30 años que contemplaba la legislación de 1973 ó 1995.

4.-Estamos ante un nuevo escándalo del Tribunal Constitucional. Tememos que, como la Doctrina Parot estuvo en la mesa de negociaciones de 2006 –tal y como reflejan las actas- el Tribunal Constitucional no siga criterios jurídicos sino políticos y conceda una cesión más a los terroristas.

5.- Además, si el Tribunal Constitucional se arroga competencias que no le corresponden, como ya hizo recientemente con la legalización de Bildu, las víctimas y la sociedad en su conjunto nos enfrentaremos a un asunto de extrema gravedad: la excarcelación de terroristas sanguinarios sin que hayan cumplido íntegramente sus condenas. Con ello, se continuará con la senda abierta con Bildu: la exoneración completa de ETA, la consecución de sus reivindicaciones sin haber dado nada a cambio. Lo que prolongará la injusticia cometida sobre las víctimas: la pérdida de sus seres queridos y el desamparo del Estado de Derecho en el que confiaron para obtener justicia y no venganza.

AVT: ¿Cuál es la vara de medir que hace unas resoluciones aceptables y otras no?

AVT: ¿Cuál es la vara de medir que hace unas resoluciones aceptables y otras no?

Las víctimas hemos aceptado hasta la fecha todas las resoluciones judiciales, aún cuando no las hemos compartido. Hemos reclamado la verdad y la aplicación de la Justicia con todo su rigor. Por ello nos parece inaceptable e intolerable que se critique e intente presionar, por parte de algunos miembros del Gobierno y del partido socialista, para lograr el archivo del caso Faisán. Son los mismos que hace unas semanas nos exigían a las víctimas a la aceptación de una coalición pro terrorista en las instituciones. ¿En qué momento han dejado de ser respetables las resoluciones judiciales? ¿Cuál es la vara de medir que hace unas resoluciones aceptables y otras no?

No se debe olvidar en ningún caso que estamos ante la investigación de unos hechos gravísimos para cualquier Estado de Derecho que se precie: el chivatazo a una banda terrorista para evitar dañar un proceso de negociación política; un chivatazo a colaboradores de ETA en el que participaron agentes de los Cuerpos de Seguridad del Estado bajo órdenes de sus responsables.

Por supuesto, las víctimas seguimos confiando ciegamente en la labor realizada en la lucha contra el terrorismo por los Cuerpos de Seguridad del Estado en nuestra democracia. No permitiremos que un borrón empañe su trayectoria y la labor que viene realizando en pro de la paz y la libertad en España.