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La tregua de ETA: mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas

Observatorio terrorismo actual

Iglesia y Terrorismo

Iglesia y Terrorismo

Declaro mi total desacuerdo con Mons. Uriarte, pues no es lo mismo que le peguen a uno un tiro en la nuca que matar en legítima defensa. No es lo mismo ser víctima que morir cuando se quiere ser verdugo. Pienso además que la postura de la Iglesia no es la de Mons. Uriarte.

 

Urkullu y Mons. Uriarte, obispo emérito de San Sebastián, acaban de presentar conjuntamente un documento sobre la vulneración de derechos humanos en Euskadi que, empleando el término más suave que se me ocurre, es francamente desafortunado.

Este informe, encargado por el Gobierno vasco, cuantifica en 1.004 personas las víctimas mortales por vulneraciones de derechos humanos entre 1960 y 2013, entre las que se incluyen 837 muertos por ETA, 94 por las fuerzas de seguridad del Estado y 73 por grupos parapoliciales y de extrema derecha. El «informe de Vulneración de Derechos Humanos» ha sido elaborado, entre otros, por el obispo emérito de San Sebastián, Juan María Uriarte.

El PNV voy a recordar, fue un Partido que presumió, a pesar de un racismo que hubiese avergonzado a Adolfo Hitler, durante mucho tiempo de ser un Partido Católico. Hoy, evidentemente, no lo es, y Urkullu se encargó de dejarlo suficientemente claro cuando ordenó a sus diputados que votasen por disciplina de Partido a favor de la Ley del Aborto, es decir lo que para la Iglesia es un crimen abominable (Gaudiun et Spes nº 51).

Como sacerdote católico tengo muy claro la frase de Jesús: «La Verdad os hará libres» (Jn 8,32). Declaro mi total desacuerdo con Mons. Uriarte, pues no es lo mismo que le peguen a uno un tiro en la nuca que matar en legítima defensa. No es lo mismo ser víctima que morir cuando se quiere ser verdugo. Pienso además que la postura de la Iglesia no es la de Mons. Uriarte.

En efecto, en su viaje a Irlanda en 1997 Juan Pablo II, dirigiéndose a los terroristas y a sus simpatizantes de ambos bandos, incluidos los sacerdotes nacionalistas: «De rodillas os suplico que abandonéis el camino de la violencia y retoméis la senda de la paz… La violencia destruye el trabajo de la justicia… La continuidad de la violencia en Irlanda sólo arrastrará a la ruina a la tierra que decís amar y a los valores que decís respetar».

El 6 de Noviembre de 1982, Juan Pablo II dijo en Loyola: «Pero hay también, desgraciadamente, quienes se dejan tentar por ideologías materialistas y de violencia. Querría decirles con afecto y firmeza, y mi voz es la de quien ha sufrido personalmente la violencia, que reflexionen en su camino. Que no dejen instrumentar su eventual generosidad y altruismo. La violencia no es un medio de construcción. Ofende a Dios, a quien la sufre, y a quien la practica».

Y el 24 de Octubre de 1986 dijo a los obispos españoles: «Finalmente, con harto dolor, tengo que referirme, para, una vez más, lamentar que en algunas de vuestras diócesis persista el incalificable azote del terrorismo… ¡Cese, pues, el odio, generador de muerte y destrucción!, y que naturalmente esta actitud de beligerancia no halle ya jamás el más mínimo respaldo en personas que se dicen católicas o animadas de buena voluntad». Podría seguir citando montones de textos no sólo del Papa, sino de nuestros Obispos y de nuestra Conferencia Episcopal. Bastantes de ellos se encuentran en un grueso volumen de la BAC, editado en el 2001 y cuyo título es «La Iglesia frente al terrorismo de ETA».

Entre los bastantes más de cincuenta documentos de nuestra Conferencia Episcopal sobre ETA, sin contar los varios cientos de nuestros Obispos individualmente, al que con más frecuencia me refiero, es uno, publicado en el 2002, y cuyo título es: «Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias», y del que recojo algunas de sus afirmaciones:

Son frases de este documento: «El terrorismo merece la misma calificación moral absolutamente negativa que la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente, prohibida por la ley natural y por el quinto mandamiento del Decálogo»(nº 12); «el llamado terrorismo de baja intensidad o kale borroka merece igualmente un juicio moral negativo. En primer lugar, porque sus agentes actúan con las mismas intenciones totalitarias del terrorismo propiamente dicho»(nº 13); «nunca puede existir razón moral alguna para el terrorismo. Quien, rechazando la acción terrorista, quisiera servirse del fenómeno terrorista para sus intereses políticos cometería una gravísima inmoralidad»(nº 14); «tampoco es admisible el silencio sistemático ante el terrorismo. Esto obliga a todos a expresar responsablemente el rechazo y la condena del terrorismo y de cualquier forma de colaboración con quienes lo ejercitan o lo justifican, particularmente a quienes tienen alguna representación pública o ejercen alguna responsabilidad en la sociedad. No se puede ser neutral ante el terrorismo. Querer serlo resulta un modo de aceptación del mismo y un escándalo público»(nº 15); «junto con el miedo, el terrorismo busca intencionadamente provocar y hacer crecer el odio para alimentar una espiral de violencia que facilite sus propósitos»(nº 20); «la Iglesia subraya el valor del diálogo respetuoso, leal y libre como la forma más digna y recomendable para superar las dificultades surgidas de la convivencia. Al hablar del diálogo no nos referimos a ETA, que no puede ser considerada como interlocutor político de un Estado legítimo, ni representa políticamente a nadie, sino al necesario diálogo y colaboración entre las diferentes instituciones sociales y políticas para eliminar la presencia del terrorismo»(nº 40).

Esto es lo que la Iglesia dice y piensa del terrorismo. Creo es suficientemente clara su postura.

 

Pedro Trevijano, sacerdote

http://www.infocatolica.com/?t=opinion&cod=17647

Londres: la policía investiga una red yihadista mientras los musulmanes multiplican su población

Londres: la policía investiga una red yihadista mientras los musulmanes multiplican su población

En Gran Bretaña, los cristianos disminuyen en número frente al aumento creciente de seguidores del Islam
La Policía está investigando si los dos yihadistas que el pasado miércoles mataron a machetazos a un soldado británico en el sureste de Londres actuaron solos o, por el contrario, son parte de una conspiración mayor. Según Reuters, el MI5 conocía a los dos agresores por sus vínculos islamistas. Otra fuente ha apuntado que, a pesar de ello, el ataque era muy difícil de prevenir debido a la multiculturalidad de Londres y a la sencillez del ataque.

 Hablando de la multiculturalidad de Londres y de Gran Bretaña, este viernes La Razón aportaba las conclusiones del último censo de 2011 en ese país. Por ejemplo, que el número de cristianos ha disminuido con respecto a 2001 un 50%, mucho más rápido de lo esperado, mientras que ya uno de cada diez menores de 25 años se considera musulmán.

El número total de personas en Inglaterra y Gales que se definen como cristianos se redujo en 4,1 millones, una disminución del 10%, añade este periódico. Al mismo tiempo, el número de musulmanes aumentó en un 75% -cifra impulsada por casi 600.000 extranjeros nacidos de la fe islámica–. Mientras que casi la mitad de los musulmanes son menores de 25 años, casi una cuarta parte de los cristianos superan los 65. El doctor Fraser Watts, teólogo de Cambridge, cree «muy posible» que los cristianos puedan convertirse en una minoría en la próxima década.

 Pero es que en Londres -prosigue La Razón- el 37,4% de la población musulmana de Inglaterra y Gales vive en la capital. Un millón de personas, el 12,4% de los londinenses, son seguidores del Islam. Han aumentado en la última década un 67%, en comparación con los cristianos que han caído un 13%.

 Aquello de que los musulmanes conquistarán Europa con los úteros de sus mujeres comienza a ser  una realidad ya. Aunque el problema no son los musulmanes, sino los yihadistas, lo que no quita para que el primer ministro británico, Cameron, adoptase una postura tibia ante el ataque.

Andrés Velázquez
http://www.hispanidad.com/Breves/londres-la-polica-investiga-una-red-yihadista-mientras-los-musulmanes-20130524-156770.html

La CIA afirma que, cada vez en mayor medida, el terrorismo permitirá a los enemigos de la democracia poner en peligro infraestructuras estratégicas (EIG. Redacción. San Sebastián)

La CIA afirma que, cada vez en mayor medida, el terrorismo permitirá a los enemigos de la democracia poner en peligro infraestructuras estratégicas (EIG. Redacción. San Sebastián)

El reciente atentado de Boston, en el que han sido asesinadas tres personas y casi otras doscientas han resultado heridas de distinta consideración,  sitúa en línea de máxima actualidad un informe que acaba de hacer público la Central de Inteligencia Americana, CIA, y que trata de aproximarse a cómo será el mundo en el año 2030.

Para los analistas del Gobierno norteamericano, que vislumbran un planeta multipolar donde EE.UU. habrá de compartir su hegemonía con otros líderes regionales, “las incertidumbres de futuro son hoy más numerosas que nunca”, aunque hay algunos elementos que parecen dibujarse con bastante claridad: la población mundial alcanzará los 8.400 millones de personas; la urbanización será creciente, especialmente en África; las clases medias aumentarán a lo largo y ancho del planeta; el incremento de los niveles de educación y salud, impulsará la emancipación de los individuos; se agravarán los conflictos por los recursos y... hombres y mujeres de los cinco continentes tendrán también un acceso más sencillo “a tecnologías mortíferas y devastadoras que escaparán al control de los estados”.

El documento “Global Trends 2030: Alternative Worlds”, que se publicó en diciembre de 2012 en Estados Unidos y que ahora mismo acaba de ser difundido en Francia por “Editions des Équateurs”, explica, en relación a la evolución futura del terrorismo internacional, que “en los próximos veinte años, la variedad de los instrumentos de guerra en circulación aumentará. El acceso a armas de precisión y armas cibernéticas y bioterroristas, será mucho más fácil”. Y añade: “La proliferación de armamento guiado con la máxima precisión permitirá a un número creciente de enemigos potenciales poner en peligro infraestructuras estratégicas”.

En relación al terrorismo de Al Qaeda y organizaciones similares, los expertos de la CIA aseguran que “varias circunstancias determinan el fin de la fase actual del terrorismo islamista. Es posible pensar que, tal y como ocurrió con otras oleadas terroristas -los movimientos anarquistas de los años 1880-1890, los movimientos anticoloniales de la posguerra y la nueva izquierda de las universidades norteamericanas en los años setenta-, esta etapa de fundamentalismo religioso podría terminar de aquí a 2030. Por el contario, es poco probable que el terrorismo desaparezca, porque no es fruto de una única causa".

http://www.paisvasco-informacion.com/2013/04/la-cia-afirma-que-cada-vez-en-mayor.html

La calculada negligencia de ETA (de Euskadi Información Global)

La calculada negligencia de ETA (de Euskadi Información Global)

Uno de los últimos episodios dentro de la campaña que se realiza a favor de la rehabilitación y posterior glorificación de los criminales de ETA, ha sido la declaración de Garikoitz Aspiazu Rubina, "Txeroki" cuando al ser juzgado en París "lamentó" haber causado víctimas que "no tenían nada que ver con el conflicto". Es decir, si tuvieron "algo que ver", están bien muertas. El problema es que la banda no ha explicado cuál es su criterio para explicar qué entiende por "algo que ver", a fin de incluir a unos en una lista de la pena y el dolor, y al resto al cajón de los bien muertos.

Si preguntáramos a los simpatizantes de la Izquierda Patriótica o incluso a muchos ciudadanos vascos, ellos nos responderían que establecer la diferencia es sencilla. Desde siempre han afirmado, orgullosamente, que ETA no ha ejercido el terrorismo indiscriminado. Así, a un lado estarían los policías, militares, políticos, chivatos, traficantes de droga y, al otro lado de la línea, aquellos que "pasaban por allí" y casualmente fueron alcanzados por una bomba o una bala perdida. Sin embargo, cuando examinamos en detalle las listas de víctimas, por un lado nos encontramos que las "bajas colaterales" han sido sorprendentemente altas y por otro que la diferenciación entre víctimas relacionadas o no con el conflicto no está tan clara como pretenden los propagandistas de la banda asesina.

Por ejemplo, ETA llevó a cabo una campaña de enorme brutalidad contra jubilados de las FSE y Ejército. En total asesinaron a 31 personas que ya habían dejado de pertenecer a cuerpo armado alguno y que, por lo tanto, a efectos prácticos, eran civiles con una nula relación con el "conflicto". Además hubo casos verdaderamente asombrosos. Así a Luis Azcarraga Pérez-Caballero lo asesinan con 81 años y cuando ni tan siquiera residía en el País Vasco, a donde acudió en unas vacaciones.

El vizcaíno Francisco Díaz de Cerio es asesinado el 31 de enero de 1991 cuando abandonó la Guardia Civil en 1980 para trabajar de revisor de contadores de la luz de Iberduero. Con el guipuzcoano Ignacio Urrutia Bilbao, 74 años, que es asesinado el 28 de junio de 1990, la relación con "el conflicto" se remontaba nada menos que a 1975, cuando dejó el Ejercito, donde como teniente se había encargado de labores de construcción y electricidad.

Jamás la banda explicó porqué atacó a este colectivo y la única causa racional que encontramos es que buscaban engordar artificialmente la lista de bajas entre policías y militares "enemigos". Una pista de esto nos lo ofrece Iñaki Egaña que se ha ufanado de que la banda mató más generales que todos los que cayeron durante las guerras de la independencia americanas. El hecho de que compare la muerte en el campo de batalla con el tiro en la nuca a personas indefensas que salían de misa o paseaban tranquilamente por la calle, retrata perfectamente la calidad moral del señor Egaña, el cual se "olvida" de consignar que una cuarta parte de estos asesinados ya no estaba en activo.

Con los civiles, el "rigor" de la selección aun es menor y la actitud de ETA aun más escandalosa, si cabe.

Muchas personas fueron asesinadas acusadas de ser "confidentes" y "chivatos". La realidad es que prácticamente todas las víctimas por estas causas lo fueron durante los “años de plomo”. El perfil de la mayoría era habitantes de pequeñas y medianas localidades, que no habían ocultado sus ideas políticas alejadas del nacionalismo y/o mantenían unas normales relaciones de vecindad con los miembros de los cuerpos de seguridad. Bajo estas premisas, mal podían ser chivatos ni confidentes dado que les era imposible introducirse en los círculos de simpatizantes de la banda. Sólo aquellos que eran militantes de HB o colaboradores de Gestoras podían ofrecer datos policialmente interesantes.

En realidad, estas personas fueron asesinadas dentro de un plan de limpieza ideológica y amedrentamiento, en las pequeñas y medianas localidades. La alemana Marianne Heiberg, que vivió el "conflicto" en Elgueta, entre febrero de 1975 y septiembre de 1976, denuncia con toda crudeza la dinámica, basada en falsedades y mentiras, que instauró ETA: "El paralelismo entre las acusaciones de chivatazo y las acusaciones de brujería de otras partes del mundo era realmente sorprendente. Estas víctimas, salvajemente asesinadas en base acusaciones completamente falsas y por motivos que nunca ha reconocido la banda criminal, ¿son de ‘lamentar’ o no?" (Nota 1)

Respecto a los muertos por "tráfico de drogas" también nos encontramos con esa falta de rigor y seriedad que es consustancial a la banda. Sin negar que algunos de los asesinados sí eran traficantes, hubo otros casos en que sin la menor prueba o tan siquiera de indicio, se les adjudicó esta condición, como Sebastián Azpiri y Francisco Zabaleta. Finalmente el grueso de las víctimas por esta causa fueron simples drogadictos que a lo sumo podían hacer menudeo para el autoconsumo, es decir, pobres enfermos muy alejados de la imagen del traficante que se hacía rico sembrando la muerte. Un ejemplo puede ser Ángel Facal, al que le dieron un tiro en la cabeza comiendo a mediodía sentado en un bordillo de la calle con un bocadillo en la mano. Sus compañeros de trabajo en nota pública explicaron que era tan pobre que constantemente les pedía dinero simplemente para poder comer.

Florencio Domínguez Iribarren ha consignado que casi el 40 % de los civiles muertos son eso que se ha llamado eufemísticamente "daños colaterales". Es decir, personas contra las que inicialmente, la banda criminal no pretendía atentar. La tipología es muy variada. Hay escandalosas negligencias como la de Hipercor, magníficamente denunciada por María José Grech en Inmemorian.

Hay familiares de miembros de las fuerzas de seguridad como las víctimas en el cuartel de Zaragoza, sobre las que no pesaba amenaza alguna, dado que hasta entonces los avisos de la banda se habían limitado a las instalaciones policiales sitas en el País Vasco y Navarra. Hay errores de identificación como el cometido por un comando que confundió a Luis Reina, pescadero, con Luis Reina, vendedor de coches. Avisos de bomba tardíos y confusos como los que costaron la vida a Ramón Iturriondo García y a Aníbal Izquierdo Emperador.

Por más que, una vez tras otra, en sus comunicados, ETA lamentara estas muertes, hiciera rimbombantes autocríticas y prometiera poner todos los medios para evitar que se repitieran, jamás la banda abrió una investigación interna ni mucho menos tomó medidas disciplinarias contra los incompetentes que habían cometido los más garrafales errores. Matar a personas "ajenas al conflicto" siempre ha salido gratis en ETA y no ha supuesto el menor impedimento para tanto ascender en la jerarquía como a la hora de recibir el homenaje y ensalzamiento tras la salida de prisión, tal como se pudo comprobar al ser liberados los descerebrados miembros del comando Barcelona que mató a 21 personas en Hipercor.

Conclusiones finales. Con motivo de los atentados terroristas del 11-M, oímos a periodistas, comentaristas e incluso a algún reputado político decir que “ETA no miente”. La banda criminal, cuando ha hablado de sus objetivos, sus movimientos y gestiones en el ámbito político, incluidos procesos negociadores, ha sido descarnadamente sincera. Muy distinta ha sido su actuación respecto a los "aspectos operativos", es decir, su trayectoria en el delito y el crimen, donde ha demostrado una capacidad ilimitada a la hora de camuflar, manipular y falsear de la manera más descarada y fragrante la realidad.

Florencio Domínguez ha señalado que debe quedar claro para el futuro que los miembros de ETA han sido los verdugos. Pero creo que también debe destacarse que en su acción criminal se han mostrado inconsecuentes, caprichosos, descuidados e incluso gravemente negligentes. No han buscado voluntariamente "víctimas colaterales", pero a la vez en la mayoría de sus acciones han hecho poco o nada por evitarlas. La prioridad operativa de ETA siempre ha sido la impunidad del comando y a ello se ha sacrificado todo, incluido cualquier ciudadano "ajeno al conflicto" que pasara por allí. Cuando no les ha quedado otro remedio que asumir el error, todo ha quedado en retórica vacía que no ha ido acompañada ni por medidas disciplinarias en los casos de negligencia más grave ni por modificaciones en la forma de atentar.

Esta situación se ha mantenido durante cuarenta años fundamentalmente porque a la postre, ha sido algo rentable para la banda. Contando con unos seguidores sumisos y serviles hasta la humillación, capaces de tragar cualquier barbaridad, mediante el goteo constante de "errores" mandaban un mensaje a la sociedad: cualquiera podía caer en la lotería siniestra en que se convirtió el terrorismo etarra. Todos, absolutamente todos, teníamos números y a todos nos podía tocar. Sólo la victoria de ETA supondría el fin del sangriento sorteo terrorista.

No hay más que ver los resultados de últimos procesos electorales para comprobar hasta qué punto han tenido éxito.

 

 

Nota 1. En 2004, participó en el congreso El Derecho Humano a la Paz, organizado por el Gobierno Ibarretxe. Según relata Florencio Domínguez Iribarre en “La Agonía de ETA” (pág. 148), su intervención crítica con el nacionalismo fue acogida con tales "abucheos, gritos y malos modos que bajó del estrado llorando". Los nacionalistas apelan siempre a la libertad y derecho de elección, pero a la hora de la verdad ni tan siquiera permiten a los extranjeros disentir públicamente de sus planteamientos. En la práctica lo que ellos llaman "derecho a decidir" es el "deber de obedecer".

 

Por) Andrónico; pseudónimo de un conocido especialista en la historia reciente del País Vasco

http://www.paisvasco-informacion.com/2013/04/cualquiera-podia-caer-en-la-loteria.html

ETA: la espada de Damocles sobre Bildu

ETA: la espada de Damocles sobre Bildu

El comunicado de ETA pone fin a la negociación para la “resolución de las consecuencias del conflicto” y anuncia “consecuencias”. Se evidencia así que nadie con dos dedos de frente puede ir de la mano con Bildu a expensas de que mañana ETA cometa un asesinato

Mediante un comunicado, la organización terrorista ETA ha anunciado que “el espacio de diálogo y negociación establecido para la resolución de las consecuencias del conflicto ha quedado disuelto”.

Según ETA, “la creación de la mesa de diálogo y de la delegación de ETA, fue un compromiso entre ETA y el Gobierno español adoptado antes de la decisión histórica y con el respaldo de representantes internacionales. El objetivo era apuntalar la resolución del conflicto mediante una agenda de diálogo y negociación”.

La parte más preocupante del comunicado, sin embargo, es que la banda terrorista comunica que “la disolución del espacio de diálogo es un paso atrás muy claro y traerá consecuencias negativas, ya que dificulta y retrasa la resolución del conflicto”.

 

Los “ideólogos” de Zabaleta recuerdan que siguen siendo los ideólogos del amonal

Asimismo, como de pasada, la organización aprovecha para recordar que “el tema del desarme está fuera del mandato que recibió el CIV (Comisión Internacional de Verificación), por eso, no está ni ha estado en la agenda de ETA ni del CIV.”

 

La espada de Damocles de Bildu

Al margen de que el comunicado arroja alguna luz sobre sucesos como la excarcelación de Bolinaga, el enfermo terminal más longevo de la historia, lo que viene a evidenciar es que nadie con dos dedos de frente puede impulsar una moción de censura de la mano de Bildu ni formar un gobierno a expensas de que mañana ETA cometa un asesinato, o lo que sea a lo que ETA se refiere cuando anuncia que no darles lo que quieren “traerá consecuencias”.

Habrá quien deplore que las amenazas de ETA permitan convertir a Bildu en una formación de apestados, desde el punto de vista democrático. Pues que se lo reproche a ETA, no a sus amenazados.

http://www.navarraconfidencial.com/2013/03/27/eta-la-espada-de-damocles-sobre-bildu/

Radiografía de los presos de ETA. Se niegan a hablar con emisarios del Gobierno, denuncian que la banda les ha abandonado y se distancian de Otegi

Radiografía de los presos de ETA. Se niegan a hablar con emisarios del Gobierno, denuncian que la banda les ha abandonado y se distancian de Otegi

No quieren saber nada de nadie, se sienten olvidados, y ya no confían en Otegi. Los presos de ETA se sienten en un callejón sin salida ante la política penitenciaria del Gobierno. Mantienen sus reticencias a la 'vía Nanclares', pero tampoco ven otra solución a su situación.

Según ha sabido El Confidencial Digital, una gran parte de los presos de ETA llevan desde el último trimestre del año pasado sin aceptar ningún tipo de visita o reunión con agentes de la Policía y la Guardia Civil pertenecientes a Servicios de Información, que envía el Gobierno a las cárceles para pulsar la opinión de los terroristas internos sobre la ‘vía Nanclares’.

Los reos han adoptado esta postura porque, según ellos, “el Gobierno filtra algunas de nuestras declaraciones a la prensa con el único objetivo de colgarse la medalla con aquellos que optan por entrar en el juego de reconocer el daño causado para obtener beneficios penitenciarios”.

 

Sólo un 10% apuesta por la ‘vía Nanclares’

Pese al silencio pactado por los presos, los técnicos de Instituciones Penitenciarias han elaborado un análisis sobre el actual sentir de los terroristas encarcelados, así como su postura sobre la ‘vía Nanclares’, el proyecto de inserción ofrecido por el Gobierno a aquellos que reconozcan el daño cometido y se alejen de la banda.

Según las fuentes consultadas por ECD, de los 656 internos pertenecientes a ETA, un 30% rechaza la 'vía Nanclares' y un 10% ya ha iniciado trámites para acogerse a ella.

El 60% restante "está en zona de nadie, no quiere alinearse con ninguna asociación de presos, y no ve solución a su situación. Están claramente desmotivados".

 

No se fían de Otegi

Además, los técnicos de Instituciones Penitenciarias a los que ha tenido acceso este confidencial apuntan a que el liderazgo de Arnaldo Otegi dentro del colectivo de presos también  ha decaído.

La decisión de Sortu de reservarle la secretaría general de la coalición abertzale le ha puesto a la mayoría de los presos en su contra: “Le consideran un traidor por buscarse una salida de la cárcel a través de la política, y dejar ‘tirados’ a sus compañeros”

Además, la última huelga de hambre, impulsada por él, para forzar la excarcelación de Bolinaga, uno de los secuestradores de Ortega Lara, apenas tuvo seguimiento: “Cada vez hay menos presos que le sigan y sus campañas tienen menos repercusión a nivel interno”.

http://www.elconfidencialdigital.com/seguridad/081807/radiografia-de-los-presos-de-eta-se-niegan-a-hablar-con-emisarios-del-gobierno-denuncian-que-la-banda-les-ha-abandonado-y-se-distancian-de-otegi

La dirección de ETA esconde las armas y el dinero para evitar

La dirección de ETA esconde las armas y el dinero para evitar

La dirección de ETA teme que el sector más radical de su militancia, opuesto al cese de la violencia, trate de escindirse en una organización independiente que pondría en riesgo su capacidad de interlocución y el propio proceso de paz. Ante esta amenaza, los dirigentes de la banda han decidido mover de sitio todos sus arsenales y han retirado a sus comandos el dinero del que disponían.

Según revelan fuentes de la lucha antiterrorista, los escasos fondos con los que cuenta en la actualidad la banda están siendo gestionados en exclusiva por sus máximos dirigentes, que han impuesto un control férreo sobre su uso. Lo mismo ocurre con los almacenes de pistolas y explosivos, escondidos ahora en emplazamientos que sólo conoce la cúpula. Si ETA sufriera una fractura en el camino que ha emprendido hacia su disolución, los impulsores de la nueva rama tendrían que levantar toda su infraestructura desde cero, un desafío arriesgado que desactiva las tentaciones de emprender un proyecto en solitario.

Las tensiones en el seno de la banda crecen conforme se acerca su final. ETA aún no ha concluido, según las mismas fuentes consultadas, el debate que abrió la dirección entre sus militantes para evaluar las últimas decisiones adoptadas en el marco del proceso de paz. El cese definitivo de las operaciones armadas, anunciado el 20 de octubre de 2011, fue una decisión tomada por la dirección, pero este paso encontró pronto oposición entre los miembros del ala más radical de la banda. La ausencia de avances concretos en la negociación, por la negativa del Gobierno de Mariano Rajoy a asumir sus exigencias, ha incrementado aún más este malestar. Las únicas cesiones que la militancia concede al Ejecutivo del Partido Popular son la excarcelación del sanguinario terrorista Josu Uribetxeberría Bolinaga y la continuación de la política penitenciaria de acercamientos selectivos al País Vasco que puso en marcha Alfredo Pérez Rubalcaba durante su etapa al frente del Ministerio del Interior.

 

El ejemplo del IRA

El riesgo de escisión está en la mesa de los responsables de la lucha antiterrorista. El IRA anunció en 2005 su completa disolución, pero para entonces ya había sufrido al menos tres escisiones que prolongaron su actividad armada: el IRA de Continuidad, el IRA Auténtico y el Ejército Irlandés de Liberación Nacional (INLA). Los acuerdos de paz firmados por los Gobiernos británicos e irlandés con los miembros del IRA no han servido para terminar con la violencia.

Con ese escenario en mente, los mayores esfuerzos en la lucha antiterrorista se están centrando en la captura de los etarras más contrarios al cese de las operaciones armadas. El objetivo es dejar vía libre al órgano de dirección de la banda (el Zuba, en el argot de los militantes) para culminar la disolución. En este sentido, el último gran golpe al sector duro de ETA fue asestado el pasado mes de octubre, con la detención a 70 kilómetros de Lyon (Francia) de Izaskun Lesaka, responsable del aparato logístico y encargada, por tanto, de sus almacenes de armas y explosivos. Junto a Lesaka también cayó su novio, Joseba Iturbide, uno de los autores del atentado de la T-4, en diciembre de 2006, la acción con la que el sector más duro de ETA hirió de muerte el proceso de negociación que había patrocinado el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

 

Los rostros del final

Los encargados de firmar la disolución de ETA serán Iratxe Sorzábal, David Pla y Egoitz Urrutikoetxea, los tres etarras que según las fuentes de la lucha antiterrorista consultadas integran en estos momentos la cúpula de la banda. Sorzabal, de 41 años, ascendió a la dirección en 2010 tras una sucesión de golpes policiales que desmanteló casi por completo la estructura militar de la banda. Se le imputan tres asesinatos. En estos momentos, sería la máxima responsable de los comandos y del aparato político.

Pla, de 37 años y una altura de 1,48 metros, es otro viejo conocido de la Policía. Fue líder de la asociación juvenil Jarrai y pasó por el comando Aragón y por Halboka, el órgano que vela por el cumplimiento de la ortodoxia etarra en las prisiones. En abril de 2010, Pla fue detenido por la gendarmería francesa pero, a las pocas horas de su captura, en circunstancias extrañas, quedó libre. Aprovechó la ocasión para fugarse y pasar de nuevo a la clandestinidad. Tanto Sorzábal como Pla participaron en la lectura de los comunicados con los que ETA anunció su alto el fuego permanente, en enero de 2011, y el cese definitivo de su actividad armada, en octubre de ese mismo año.

 

Históricos en libertad

El tercer miembro del Zuba es Egoitz Urrutikoetxea, hijo del histórico dirigente de ETA José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, más conocido por su alias Josu Ternera. Egoitz Urrutikoetxea, de 38 años, tiene un largo historial como responsable de las organizaciones juveniles de ETA en suelo francés y acumula varias condenas en rebeldía por esa vinculación. No tiene delitos de sangre pero goza del respeto que inspira su apellido. Las fuentes consultadas lo ubican al frente del aparato político.

Hasta hace poco, Sorzabal, Pla y Urrutikoetxea compartían liderazgo con Mikel Oroz, Alejandro Zobaran, Ignacio Lerín e Izaskún Lesaka pero estos últimos cuatro han sido expulsados del tablero de la negociación en los últimos dos años, gracias a la acción de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Aún no han sido capturados tres históricos que también ocuparían puestos destacados en el actual organigrama de ETA. Se trata de José Luis Eciolaza Galán, alias Dienteputo, y Juan Cruz Maiztegui Bengoa, alias Pastor, y Eusebio Arzallus Tapia, alias Paticorto.

José María Olmo

http://www.elconfidencial.com/espana/2013/02/26/la-direccion-de-eta-esconde-las-armas-y-el-dinero-para-evitar-escisiones-115442/

Ensayo: Justicia victimal contra las peticiones de amnistía de los presos de ETA (por Raúl González Zorrilla)

Ensayo: Justicia victimal contra las peticiones de amnistía de los presos de ETA (por Raúl González Zorrilla)

Cualquier análisis del reciente papel socio-político desempeñado por las víctimas del terrorismo no puede obviar que uno de los elementos que más ha contribuido a que la violencia terrorista se haya perpetuado en Euskadi y en España a lo largo de medio siglo ha sido el hecho de que, durante este tiempo, una parte importante de la sociedad vasca ha interiorizado que el recurso al asesinato, al chantaje, a la amenaza o la extorsión, es algo que, aunque reprobable, “puede ser comprensible” dada la existencia de un presunto y falsario “conflicto político” que, al parecer, no puede ser solucionado por vías exclusivamente democráticas.

Perversas razones de interés nacionalista, falsos progresismos postmodernos que alimentan la falsa creencia de que todas las ideas pueden ser dichas sin asumir las consecuencias de las mismas (incluso las que exigían más tiros en la nuca) y una vergonzosa dejación de las instituciones en su responsabilidad de hacer cumplir la legalidad, han alimentado esta atrocidad y han posibilitado la obscenidad suprema de que el punto de vista que haya primado en Euskadi a la hora de analizar la realidad política de nuestro entorno fuera el de los verdugos, y nunca el de sus víctimas.

Esta situación éticamente indecente, mantenida en el tiempo, alimentada con entusiasmo y multiplicada exponencialmente por el desinterés de algunos y el desistimiento de muchos, provocó durante muchos años la marginación radical y el abandono más absoluto de las víctimas del terrorismo, pero, además, recreó un universo trémulo donde la defensa y la protección de los derechos básicos de las personas se consideraba como algo simplemente anecdótico que podía someterse a intereses más espurios como la presunta construcción de una nación fantasmal. Frente a esta mirada orweliana de los verdugos, que fue la que llegó a su grado máximo de expansión con la firma en 1998 del Pacto de Estella entre los nacionalistas vascos y los terroristas vascos, las víctimas, con el convencimiento de que será imposible alcanzar la paz sobre el olvido de lo padecido, sobre la injusticia y la impunidad, se han convertido en el principal antídoto para vencer el cáncer moral que el terrorismo ha extendido a lo largo y ancho de la sociedad vasca.

Esta ejemplaridad de la voz y del testimonio de las víctimas, se asienta sobre varias razones.

En primer lugar, porque las propias víctimas, en condiciones profundamente dramáticas, han sido siempre una muestra modélica de respeto al sistema democrático, de lucha por la justicia, de renuncia a la venganza, de repulsa a cualquier método violento para terminar con ETA y de trabajo firme por mantener la verdad de lo sucedido, a pesar de los muchos intentos que en Euskadi se han hecho por manipular tanto las historias particulares de las más de ochocientas personas asesinadas por ETA como la propia historia colectiva de todos los vascos.

Por otro lado, los familiares de las víctimas del terrorismo conocen mejor que nadie toda la atrocidad, el dolor, el drama y las consecuencias fatales que se derivan de cada atentado criminal. Las muy diversas, ocultas y trágicas historias de estos hombres y mujeres recogen detalladamente toda la infamia que se ha vertido en el País Vasco y, por ello, las víctimas poseen una autoridad crucial para desmontar despropósitos ideológicos que, aún hoy, tratan de buscar coartadas y dotar de significado a las acciones terroristas más crueles y sanguinarias.

A pesar de que, en algunas muy escasas ocasiones, las personas que han sufrido directamente o en la figura de algunos de sus allegados el ataque de los violentos reniegan del papel protagonista que les corresponde, la mayor parte de éstas entiende que son las únicas que pueden liderar el proceso que lleve a la sociedad vasca a observar su virulenta y triste historia reciente desde el punto de vista de quien la ha sufrido y no de quien la ha modelado, desde la mirada del asesinado y no del que victimario, y desde el prisma de quienes, en muchos casos, han dado lo mejor de sí mismos para defender la libertad de todos. Natividad Rodríguez, viuda de Fernando Buesa, máximo responsable del Partido Socialista de Euskadi en Álava cuando fue asesinado por ETA el 22 de febrero de 2000, ha explicado muy sucintamente cuál debe ser, en su opinión, el papel público de las víctimas terrorismo. “Nadie puede entender la política vasca de los últimos años sin la existencia de una sociedad profundamente atemorizada por la actividad asesina de ETA y, por ello, las víctimas han de tener un lugar central en el debate político. (...) Cualquier proyecto de convivencia, para ser moral, deberá respetar la memoria de las víctimas; para ser legítimo, deberá plantearse en condiciones de igualdad y libertad de todos los participantes; y para ser legal, deberá cumplir las reglas de juego preestablecidas, que en democracia se plasman en las normas legítimamente aprobadas”.

En Estados Unidos, donde hasta el 11 de septiembre de 2001 prácticamente no se tenía ninguna experiencia de la tragedia que siempre acompaña a cualquier atentado, independientemente de la magnitud de éste, se comprendió rápidamente que el pilar básico desde el que una colectividad debe apoyar su reconstrucción tras sufrir una acometida terrorista es, en cualquier circunstancia, el de las víctimas de la barbarie. No se trata solamente de que detrás de los nombres y apellidos de cada una de las personas diezmadas por el horror fanático se encuentre una vida rebosante de ilusiones, de retos, de sueños y de esperanzas como las de tantos seres humanos que todos los días salen a la calle en múltiples lugares del globo tratando de llevar una existencia digna y en paz. Lo más importante que hay que tener en cuenta es que cada víctima de un ataque terrorista es un proyecto de futuro cercenado, es una familia a la que se le ha roto el porvenir y es, en la presencia de los heridos, o en la ausencia de los fallecidos, una cicatriz en el rostro de una sociedad que tras la llaga del horror ya nunca vuelve a ser como antes.

Reconocer, ayudar y proteger a las víctimas de la barbarie es, en este sentido, un acto de humanidad, pero es también una iniciativa que contribuye a la cohesión ética de la ciudadanía, que polariza las fuerzas contra el terror y que, desde un primer momento, deslegitima radicalmente cualquier intento de comprender, argumentar o justificar la acción asesina llevada a cabo por los criminales. En el rostro de cada una de las víctimas de un atentado terrorista, en el sufrimiento de los lacerados y en el desconsuelo de los familiares, se encierra el dolor de toda una sociedad dramáticamente lesionada que, en el fondo, siempre es el principal objetivo de una acto criminal de estas características. El terrorista, asesinando a personalidades relevantes o destruyendo la vida de cientos de ciudadanos anónimos, busca conmocionar a la totalidad de la ciudadanía a través del chantaje de las armas, mediante la presión de la amenaza siempre presente, a través del miedo permanentemente exhibido y utilizando el horror como eficaz instrumento de ruptura de lo que los criminales más odian: la libertad de cada persona, y la potestad de ésta para hacer uso de este derecho elemental de un modo ajeno a cualquier dictado político o religioso. Tal y como ha explicado

Ignacio José Subijana Zunzunegui, presidente de la Audiencia de Gipuzkoa, “la macrovictimación terrorista tiene un plano ontológico y otro axiológico. En el plano ontológico se encuentra el dolor por el asesinato, el secuestro, la amenaza, la coacción. En el plano axiológico reside la significación del asesinato, el secuestro, la amenaza y la coacción; es decir, el relato. Reyes Mate, haciendo suyas las reflexiones de Benjamin, refiere que todo crimen mortal tiene dos muertes: la muerte física, centrada en la aniquilación biológica de una o varias personas, y la muerte hermenéutica, ceñida a la estrategia dialéctica elaborada para hacer invisibles a las víctimas”. (1)

 

El relato

La comprensión de que la memoria de las personas asesinadas es el principal bien a resguardar tras la acción terrorista, la asunción de que los familiares de las víctimas deben ser considerados como el centro de cualquier iniciativa política-social que se impulse después de cometido el acto violento y el convencimiento de que la respuesta al terror de masas debe asentarse siempre sobre la eficacia policial, la firmeza judicial y el reconocimiento público, repetido y socialmente masivo a las víctimas, son exigencias colectivas que en España en general, y en el País Vasco en particular, se encuentran permanentemente cuestionadas. Con el agravante, además, de que cuando finalmente estos fundamentos básicos comienzan a ser interiorizados, su importancia radical trata de minimizarse y difuminarse, especialmente desde los ámbitos nacionalistas, independentistas y presuntamente progresistas, con argumentos tramposos que abogan por convertir a todos los hombres y mujeres de esta tierra en damnificados de diferentes afrentas que se anulan unas con otras, y que tienen un único objetivo éticamente demoledor para quienes confiamos en el sistema democrático de convivencia: implantar artificiosamente la idea de que “es necesario pasar página” y “ceder desde todas las partes” para alcanzar una “reconciliación” en la que no haya “ni vencedores ni vencidos”.

El primer paso hacia la impunidad de los crímenes terroristas es, de hecho, esta estrategia que trata de mezclar en un patético “totum revolutum” a las víctimas del terrorismo, de los “excesos policiales”, de los malos tratos, de torturas, de agresiones injustas e, incluso, de la dictadura franquista y de la batalla de Machichaco que tuvo lugar durante la Guerra Civil española, con la pretensión, tan sibilina como vergonzosa, de fomentar la mentira suprema de que la actividad asesina de ETA solamente es una cara más de un conjunto variado de violencias ejercidas desde el Estado democrático español o desde personas, entidades u organizaciones ligadas a éste. Pero frente a quienes apelan a no volver la vista hacia atrás y a camuflar lo sucedido para no despertar las iras de quienes todavía amenazan con volver a asesinar, el recuerdo constante y permanente de lo padecido ha de erigirse como el núcleo central de cualquier proyecto conjunto de sociedad que pretenda superar varias décadas de terror. A pesar de las interpretaciones perversas que se hacen al respecto, la memoria histórica de lo reciente no es algo que impida cerrar las viejas heridas. Más bien al contrario, el relato de las víctimas es la única herramienta de que dispone una sociedad para interiorizar sus desmanes, para vertebrar nuevos caminos de futuro que se alejen de la atrocidad y, sobre todo, para cerrar con un mínimo de solidez heridas colectivas que jamás debieron haberse provocado. Un hipotético perdón del daño causado, que hay que recordar que es algo que no puede exigirse desde un punto de vista político o jurídico, solamente pueden tener sentido sobre el recordar fiel de lo que ha acaecido y sobre una perspectiva a largo plazo que presente visos ciertos de que el horror no va a volver a reproducirse.

Nada podrá reconstruirse desde un punto de vista ético si, interesadamente y para acercar a los terroristas los beneficios de la impunidad, se intenta correr un tupido velo sobre la infamia y la iniquidad y se pretende disipar el perfil testimonial y relator claramente definido de las víctimas del terrorismo, al mismo tiempo que se refuerza el protagonismo reivindicativo de los antiguos etarras que ahora dicen no querer matar. Volviendo al ejemplo norteamericano, ¿se imagina alguien que pudiera ser posible que el gran Memorial que se levanta en el nuevo World Trade Center homenajeara, además de a los hombres y mujeres asesinados en las Torres Gemelas, a, por ejemplo, todos los damnificados por el racismo en la reciente historia de la ciudad norteamericana, a los afectados por los abusos policiales a lo largo de las últimas décadas, a los neoyorquinos perjudicados por las prácticas mafiosas en los años veinte del pasado siglo o, en el colmo de la estulticia, a todos los miembros de Al Qaeda autoinmolados en atentados suicidas en cualquier lugar del mundo? Citando nuevamente a Ignacio José Subijana Zunzunegui, “es preciso garantizar a las víctimas un pronunciamiento expreso sobre el injusto culpable del autor. De esta forma se cumplirían las exigencias mínimas de justicia en la medida que se obtendrían tres efectos: una declaración pública de reproche por el injusto causado, afirmando que el daño no viene motivado por el azar o por culpa de terceros o de la propia víctima, sino única y exclusivamente por un comportamiento antijurídico del victimario; una consignación expresa de las personas que han sufrido la victimación, lo que permite su constitución efectiva como víctimas así como su indeclinable individualización; un pronunciamiento explícito de que el daño causado fue injusto y que, consecuentemente, las víctimas tienen derecho a ser reparadas por el victimario”. (2)

Los crímenes de ETA, junto con las coacciones, las amenazas, los chantajes y las afrentas que durante cincuenta años se han llevado a cabo impulsadas desde el “brazo político” de la organización criminal, poseen, y éste es uno de los objetivos fundamentales de cualquier banda terrorista, una dimensión pública totalitaria que trata de imponer, a través del miedo, la intimidación y la coacción, unos determinados objetivos políticos, así como busca convertir la historia en una quimera para alumbrar un presente irreal en el que todos sus desmanes puedan ser justificados y comprendidos. Por este motivo, la derrota del terrorismo exige que el daño producido y el dolor provocado tengan una privilegiada y ejemplarizante dimensión pública que ha de ser protagonizada, aunque no exclusivamente, por las víctimas del terrorismo.

Las personas directamente damnificadas por la violencia terrorista, así como los familiares del casi de millar de personas asesinadas por la banda terrorista ETA, han de ser, sobre todo, la punta de lanza de un movimiento colectivo que arrastre a los poderes públicos, a las instituciones democráticas, a los agentes sociales y a la mayor parte de los ciudadanos, a estar vigilantes contra la tentación del olvido y contra la incitación cómoda y eficaz, y tantas veces vista a lo largo de la historia, a “pasar página” o a “no mirar hacia atrás” para no incitar a los viejos fantasmas.

Las víctimas vascas del terrorismo, en su esencial y casi obligado deber de testimonio público, se responsabilizan de denunciar persistente e incansablemente la demostrada y absoluta incapacidad de la banda terrorista ETA para asumir el sufrimiento infligido a la sociedad vasca en particular, y a la sociedad española en general. Pero, además, las víctimas del terrorismo han de convertirse en el principal ariete contra una tendencia tan obscena como cada vez más extendida que consiste en banalizar el horror provocado por la banda terrorista ETA a lo largo de su casi medio siglo de existencia y que tiende a entender la actividad criminal de esta organización totalitaria como algo nimio, como una pequeña, “comprensible” y molesta excrecencia de la dictadura.

En este punto, debemos ser conscientes de que la actual generación dominante en España, ideológicamente flácida, intelectualmente exangüe y doctrinalmente inconsistente, vive el tiempo histórico como simultaneidad y no como sucesividad, y se mantiene permanentemente en ebullición en una actualidad perpetua en la que no hay espacio para el distanciamiento reflexivo, para la comprensión del desarrollo causal de los acontecimientos o para extraer debidamente las pertinentes enseñanzas del pasado. Hay en la comunidad autónoma vasca y en el resto del país demasiados hombres y mujeres que habitualmente viven en una realidad anoréxica, mórbida, superficial y fragmentaria que, al perder todo tipo de conexión con el pretérito, y lo que es peor, al demostrar un absoluto desinterés por lo transcurrido en el pasado, han empequeñecido y relativizado la barbarie etarra: fundamentalmente, desdeñan los recuerdos colectivos existentes tras lustros de convivir con la violencia más impía y menosprecian el cúmulo de conocimiento aprendido a base de acopiar lágrimas de impotencia tras cada nuevo acto de barbarie. El relato constante y firme de las víctimas del terrorismo se convierte, de este modo, en el principal freno contra el concepto de “amnesia generacional” definido por el escritor y analista Alvin Toffler, que consiste, según explica el experto neoyorquino, en que “se está modificando el tiempo pasado y el tiempo futuro, vaciándolos de contenido, y no dejando tras de sí nada salvo el presente, un lugar peligroso y poco sólido. Porque a medida que se acelera la aceleración del cambio, el pasado y el futuro cada vez se acercan más entre sí y comprimen el presente en la nada. Que no es precisamente un lugar satisfactorio para pasar la vida” (3). Ni para la verdad ni la justicia, añadiríamos nosotros.

De hecho, esta absoluta, buscada e interesada desmemoria referencial, liderada por socialista y nacionalistas y perversamente aliada con un espíritu ideológico posmoderno, frívolo, desarmado, contemporizador y desinteresado de la defensa del sistema democrático y de la salvaguardia de los valores fundamentales de nuestro sistema de convivencia, es la que ha propiciado el actual panorama social maleable, insustancial y caótico que padecemos, en el que demasiadas agendas políticas se pliegan a las presiones de los terroristas, de los amigos de los terroristas, de los independentistas más ariscos, de la izquierda más huraña y de los sectores sociales más radicales y populistas, dando luz a una realidad hedionda y volteada en la que los delincuentes son tratados como los líderes del futuro, en la que los demócratas son expulsados al gueto misterioso de la derecha extrema y en la que, en el colmo de las vilezas, las víctimas del terrorismo son consideradas como peligrosos elementos de odio, intolerancia y crispación.

 

La tentación de la impunidad

Como hemos visto, el valor público del testimonio de las víctimas del terrorismo se construye sobre tres virtudes y responsabilidades que les son propias no de un modo exclusivo, pero sí preferencial: la lucha contra el olvido, la lucha contra cualquier forma de impunidad y la autoría del relato de lo padecido.

En este sentido, y en lo que hace referencia al trabajo contra la indemnidad de los crímenes, es preciso partir de una cuestión elemental: la historia de terror de ETA no tiene ninguna legitimación posible y, por lo tanto, debe ser condenada con rotundidad y sin ningún tipo de paliativos. Y esa condena, que debe darse siempre de forma pública y destacada, ha de ser requerida de un modo excepcionalmente exigente a todos aquellos que, con medio siglo de retraso, desean sumarse ahora, con sus propias condiciones y exigencias, al sistema democrático de convivencia.

La justicia es un derecho fundamental de cualquier ciudadano, y especialmente de las víctimas. Por este motivo, éstas han de convertir su tarea testimonial en un compromiso de atenta vigilancia para que desde ámbitos políticos o judiciales no se caiga en la tentación de utilizar parcial e interesadamente la política penitenciaria sobre los presos de ETA como una forma de otorgar a éstos determinadas medidas de condonación de la pena. En este sentido, jamás ha de considerarse la reinserción social como una finalidad absoluta y superior, propia de las penas de cárcel, sino que cualquier medida de gracia ha de encuadrarse con otras finalidades de la condena y con la exigencia de justicia prevista en la Constitución española.

Con respecto a este tema, nuestro muy querido y siempre recordado profesor Antonio Beristain expresaba muy claramente su opinión en 1994, en la Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología: “Considero un milagro que en el País Vasco y en España ninguna víctima del terrorismo se haya tomado la justicia por su mano. Desde julio de 1977, cuando fundé en Gipuzkoa la sección de Amnistía Internacional, sigo activo en sus campañas; también en las que proclaman y procuran la no impunidad de los asesinatos terroristas. Discrepo de quienes opinan que si ETA deja de matar, todos sus condenados deben salir de la cárcel. De las publicaciones de Amnistía Internacional se desprende que se opone al indulto de los presos de ETA cuando la organización terrorista deje de matar, ya que esa impunidad de los macrocrímenes va contra la base del Derecho, la Justicia y la dignidad de las personas.”. (4)

Pero además de la existencia de posibles prácticas que pudieran favorecer la impunidad de los centenares de miembros de ETA que permanecen encarcelados en prisiones de España y Francia, hay otro tipo de inmunidad sobre la que acertadamente ha alertado Carlos Fernández de Casadevante Romaní, catedrático de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales de la Universidad rey Juan Carlos, y que ahora, cuando la banda terrorista ETA ha anunciado un cese definitivo de la violencia, cobra una especial significación. “De los 858 atentados con víctimas mortales cometidos por ETA a lo largo de su existencia, 300 están todavía sin resolver policialmente. En esa cifra se incluye un centenar de atentados prescritos y 78 autores materiales que pudieron acogerse a la Ley de Amnistía de 1977. El resultado de todo ello es que el 55,71% de los asesinatos de ETA gozan hasta la fecha de una impunidad de facto.” “¿Cómo puede ser esto posible en un Estado que se dice de Derecho y cómo puede ser que ningún órgano del Estado se escandalice?, se pregunta el autor de “Nación sin ciudadanos: el dilema del Pais Vasco”, y añade: “¿Acaso el Estado considera saldadas sus deudas con las víctimas del terrorismo sobre la base de la reparación económica? De ser así, incurriría en un grave error porque la principal reivindicación de las víctimas del terrorismo -como de toda víctima- es que se haga realidad su derecho efectivo a la justicia. En efecto, los daños que la pasividad y la impunidad ocasionan a las víctimas del terrorismo como consecuencia de las prescripciones propiciadas por la inactividad o por el deficiente funcionamiento de los órganos del Estado, no se reparan con dinero. La única reparación real se deriva de la justicia. De una justicia efectiva. Sin ella, ni existe el Estado de Derecho ni la democracia es tal. Por mucho que a algunos se les llene la boca con tales conceptos.” (5)

En nuestra opinión, el cumplimento puntual de la pena de cárcel impuesta a un terrorista no ha de ser suficiente para garantizar la inmediata reinserción social del mismo. Un fanático no deja de serlo por cumplir una condena y una ideología totalitaria que ha impulsado a alguien a cometer los crímenes más horrendos no se disuelve por arte de magia en la oscuridad o en la amargura de una celda. Por este motivo, el proceso de vuelta a la normalidad de los varios centenares de etarras que permanecen en prisión ha de seguir una ruta manifiestamente definida que, además, debe ser lo suficientemente clara, visible y pública como para que pueda ser tutelada sin ambages por las víctimas del terror y como para que éstas se encuentren en condiciones de testimoniar su aceptación o no de la misma.

En primer lugar, el terrorista ha de buscar activamente su proceso de reinserción, demostrando que su apuesta por reintegrarse nuevamente a la sociedad democrática que una vez humilló y diezmó es radicalmente sincera y que no se trata únicamente de una estrategia para beneficiarse, una vez más, de la generosidad del Estado de Derecho. Consecuentemente, el victimario ha de pedir perdón y rechazar públicamente la violencia (y destacamos esta exigencia de notoriedad), pues el delito de terrorismo por el que se le juzgó y condenó también tuvo dramáticas repercusiones colectivas (macroterrorismo). Además, el delincuente ha de denunciar socialmente el carácter totalitario de la organización terrorista a la que un día perteneció y, para ello, resulta fundamental que la persona que desee reinsertarse colabore activamente con las autoridades, y dentro de sus posibilidades, ayude al esclarecimiento de los cientos de crímenes de la banda terrorista ETA que se encuentran pendientes de resolver.

 

Conclusión

Tras el cese definitivo de la violencia anunciado por la banda terrorista ETA el pasado 20 de octubre de 2011, existen muy preocupantes indicios, en la sociedad vasca, sobre todo, pero también en una parte importante del resto de la sociedad española, de que se está alentando un empeño tan claro como avieso por pasar página, por olvidar nuestra más reciente historia, por recibir con palmas a los asesinos descarriados que presuntamente regresan a la civilidad y por legitimar un nuevo escenario de convivencia en el que las permanentes reclamaciones de memoria, verdad, justicia y reparación lideradas por la gran mayoría de las víctimas del terrorismo se transmutan en peticiones vacuas y éticamente indecentes que hablan de perdonar a los asesinos, que apelan a “sumar esfuerzos” entre quienes matan y quienes mueren y que exigen “olvidar” a quienes más han padecido la lacra terrorista.

Ante esta situación, las víctimas del terrorismo, y aquí radica el gran valor público de su testimonio, de su relato y de su actividad, han de liderar la defensa de los valores supremos por los que sus familiares fueron asesinados que, sin lugar a dudas, constituyen los cimientos de nuestra democracia y nuestra única esperanza de civilidad. De hecho, son las propias víctimas, a través de organizaciones de las que forman parte, como el Foro contra la Impunidad en el País Vasco, las que han definido claramente su papel presente y futuro: “Nuestra tarea ha de consistir en recordar incansablemente que nuestro sistema de libertades se impone como moralmente superior a los planteamientos totalitarios e integristas de quienes presentan como único mérito el haber dejado, sospechosamente, de apoyar políticamente a los psicópatas que mataron a nuestros familiares. Que no se equivoquen quienes nos prometen ahora un futuro cimentado sobre excarcelaciones de criminales, sobre el obligado olvido de todo lo padecido hasta el momento, sobre una tabula rasa impuesta entre víctimas y verdugos o sobre un liderazgo compartido con quienes tantas veces han jaleado el asesinato de ciudadanos inocentes. Siempre nos tendrán enfrente. Porque las víctimas de ayer, que lo somos ya para siempre, no vamos a consentir de ningún modo que nuestros hijos vayan a ser mañana también víctimas de una paz tan falsa como moralmente indecente.” (6)

 

Bibliografía

(1) Subijana Zunzunegui, Ignacio José. “La justicia a las víctimas del terrorismo”. Eguzkilore. Cuaderno del Instituto Vasco de Criminología. Nº 23. Pag. 79-86.

(2) Idem.

(3) Toffler, Alvin. “Una generación en el poder sin memoria histórica”. Diario “El Mundo”. 4-XII-2003. Pags. 4-5

(4) García Zafra, Inés. Conversaciones con el Dr. Antonio Beristain.

http://criminet.ugr.es/recpc/06/recpc06-c1.pdf

(5) Fernández de Casadevante Romaní, Carlos. “España, espacio de impunidad.”

http://www.covite.org/covite_articulos.php?lang=es&idNoticia=625&idSeccion=3

(6) Foro contra la Impunidad en el País Vasco. “La vergüenza”. “El Diario Vasco”. 12-VI-2011

http://www.paisvasco-informacion.com/2012/06/ensayo-justicia-victimal-contra-las.html#more